Lavaperros, de Carlos Moreno

Realidad de mandos medios

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Andrés M. Murillo R.

Esos mandos medios del mundo del narcotráfico, que se disputan pequeños territorios y cifras de poca monta, contrastado con los grandes capos y sus astronómicos números, son un cosmos por sí mismo. Y ahí el director caleño Carlos Moreno ha hecho títulos impactantes y claves para esa continua exploración, necesaria, de este conflicto en nuestra realidad. Lavaperros es su última película y nos da un repaso por esa moral fracturada por la ambición y el poder, un filme con una mirada madura de un álgido tema.

Después de un fallido estreno en el FICCI 2020 y múltiples retrasos por la pandemia, se arroja el incierto mundo del streaming y su impacto en el espectador. Contra viento y marea, llega este título colombiano para hablar de esas secuelas sociales-culturales de un fenómeno que no se puede ocultar, y que, sobre todo, es necesario reflexionarlo. El cine es solo un canal más de la discusión. Una trama sencilla: el “duro” de un pueblo cae en desgracia, surge un nuevo pretendiente por el trono y en este mundo es a sangre y fuego. Quién respalda y quién traiciona, todas las vilezas y esos demonios que lejos de la ficción, han plagado las dinámicas de barrios y “plazas” menores.

Un conflicto simple, pero lleno de matices gracias a la actuación de Christian Tappán y a su capacidad para transmitir esa paranoia, ese apuro del exceso y la desconfianza de su círculo cercano: esposa, guardaespaldas, amante y contactos. Un vibrante inicio que atrapa, ese interrogatorio con tensión alta y sin el contexto de qué está sucediendo, logra dar el tono de lo que vamos a ver y su constante incertidumbre. Sin embargo, en el desarrollo del filme cae un poco esa tensa línea, llegando a sentirse en un alargue de ciertas secuencias o situaciones que no respaldan ese inicio. Hacia el final vuelve y toma esa creciente dramática: música, montaje paralelo, actuación y una resolución que da en esa herida de realidad.

Un vibrante inicio que atrapa, ese interrogatorio con tensión alta y sin el contexto de qué está sucediendo, logra dar el tono de lo que vamos a ver y su constante incertidumbre.

Carlos Moreno ha sido crudo en lo visual, desde Perro come Perro (2008) y Todos tus Muertos (2011), luego navegando con otras intenciones, acá retoma sus pasos de origen. Más auténtico, descarnado y asertivo en su mirada. Una burla sin reírse de ellos, pues son estereotipos tan deplorables, que ellos mismos terminan siendo la burla. El mafioso y su poder fundamentado en el miedo, en un negocio ilícito que genera unos recursos “fáciles” y en asociarse con toda la desconfianza en el día a día. Una historia que pareciera repetirse en cada pueblo, en cada barrio de grandes ciudades. Personajes ficticios estrechamente cercanos a la realidad, dentro de una historia tristemente cotidiana.

Una película al alcance de la mayoría a través de una plataforma que se encargó de promocionar muy bien el título, se caen las disculpas de acceso a cine nacional. Una temática que debemos dejar de evitar para enfrentarla con argumentos, Lavaperros es uno que enriquece aún más la discusión, no la discusión de fondo. Interesante y con tono cómico, logra ese buen sabor de estar viendo una buena película, pero el trago amargo de la cercanía con la realidad. Nunca habrá un buen momento para un estreno de estas características, pero siempre será bienvenido a crear matices y emociones alrededor de este mundo, sus personajes y sus ambigüedades. Uno de los tantos caminos de reflexión.