{"id":306,"date":"2021-08-27T00:46:57","date_gmt":"2021-08-27T00:46:57","guid":{"rendered":"https:\/\/canaguaro.cinefagos.net\/n03\/?p=306"},"modified":"2021-08-28T23:25:18","modified_gmt":"2021-08-28T23:25:18","slug":"por-una-critica-sin-dogmatismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canaguaro.cinefagos.net\/n03\/por-una-critica-sin-dogmatismo\/","title":{"rendered":"Por una cr\u00edtica sin dogmatismo"},"content":{"rendered":"<p class=\"autor\">Pedro Adri\u00e1n Zuluaga<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-42 aligncenter\" src=\"https:\/\/canaguaro.cinefagos.net\/n03\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2021\/08\/sep.png\" alt=\"\" width=\"22\" height=\"8\" \/><\/p>\n<p><em>Texto le\u00eddo en la Lecci\u00f3n inaugural de la segunda cohorte de la Escuela de Cr\u00edtica de Cine de Medell\u00edn, el 23 de agosto en la sala 1 del Centro Colombo Americano de esa ciudad.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"entradilla\">Escribo este texto para ajustar algunas piezas de la memoria y el deseo, que son juguetones y tramposos. Cada que vuelvo a este lugar desde el que hablo, a esta sala 1 del Colombo Americano de Medell\u00edn, se precipita sobre m\u00ed un aluvi\u00f3n de recuerdos. \u00bfMe importan solo a m\u00ed o son una memoria compartida e intersubjetiva? \u00bfEs la aspiraci\u00f3n \u2013compartida por muchos, o al menos por algunos\u2013 de una comunidad en lo precario? Quiz\u00e1 son, sobre todo, un eco en el tiempo de esa precariedad en la que algunos, entre ellos yo, fuimos j\u00f3venes. En esa Medell\u00edn de los a\u00f1os ochenta y noventa, desbarrancadero con \u00fanica direcci\u00f3n al No Futuro, esta sala se convirti\u00f3 en lugar de escape donde se concretaba la idea de aquello mejor que la vida \u2013<em>bigger than life<\/em>\u2013 que todo cin\u00e9filo en alg\u00fan momento ha anhelado.<\/p>\n<p>Mejores que la vida me parecieron dos pel\u00edculas que vi, al comienzo de la d\u00e9cada de 1990, cuando era estudiante de los primeros semestres de Comunicaci\u00f3n Social- Periodismo en la Universidad de Antioquia. O tal vez tres, o quiz\u00e1 cuatro. La aritm\u00e9tica es arisca a los recuerdos. Ya por entonces el instinto omn\u00edvoro, coleccionista y acumulador del cin\u00e9filo se empezaba a perfilar en m\u00ed. Fueron: <em>Camino sin salida<\/em> de Ulrich Edel, <em>Refugio para el amor<\/em> de Bernardo Bertolucci, <em>Paris Texas <\/em>de Wim Wenders, <em>Haz lo correcto<\/em> de Spike Lee. Recuerdo esas pel\u00edculas indisolublemente unidas al joven que yo era. Fueron una ventana a una expansi\u00f3n del mundo en la que el tiempo y el espacio, que se viven normalmente con desasosiego, se volv\u00edan n\u00edtidos, comprensibles, mullidos como una caricia.<\/p>\n<p>Mi vida, la posibilidad de un relato sobre ella, se empez\u00f3 a recortar sobre el fondo del cine que ve\u00eda. Ya no pod\u00eda decir, como lo hicieron los cin\u00e9filos de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta del siglo pasado, o como lo desarroll\u00f3 de forma conmovedora el cr\u00edtico franc\u00e9s Serge Daney en su libro testamento <em>Perseverancia<\/em>, que el cine ten\u00eda mi misma edad, y que por eso me pertenec\u00eda, o que yo pertenec\u00eda a \u00e9l. Yo ten\u00eda veinte y el cine se acercaba a su primer centenario. Y en concordancia con las met\u00e1foras biol\u00f3gicas que siempre han asediado al cine, sobre ese adulto mayor ya se cern\u00eda la amenaza de la muerte, la sentencia de una liquidaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, aunque pod\u00eda verse como un anciano que se aproximaba a su centuria, todav\u00eda parec\u00eda posible ver todo el cine que se hab\u00eda hecho, a\u00fan era concebible el sue\u00f1o de <em>conocer<\/em> todas las pel\u00edculas del mundo. Y verlas con esa pasi\u00f3n que despierta aquello que, desde otra perspectiva, segu\u00eda siendo fr\u00e1gil y joven. Es que el cine, en los a\u00f1os de <em>Reservoir Dogs <\/em>o de <em>Pulp Fiction<\/em> de Quentin Tarantino, de la consolidaci\u00f3n del prestigio de los hermanos Coen, de la aparici\u00f3n en el firmamento de ese cometa luminoso que fue Kiarostami, de la gracia irreverente de Almod\u00f3var, de la aspiraci\u00f3n a la desnudez y al silencio de los Kaurismaki, de la quinta generaci\u00f3n de cineastas chinos, no habr\u00eda alcanzado el l\u00edmite de sus posibilidades. Y, parad\u00f3jicamente, ya algunos anunciaban que estaba a punto de morir.<\/p>\n<p>El director ingl\u00e9s Peter Greennaway no demorar\u00eda en decir que el cine era un cap\u00edtulo no desarrollado todav\u00eda de la historia del arte de la representaci\u00f3n, es decir, una potencia no conquistada, un don defraudado, y reclamaba la supremac\u00eda para la pintura. Mientras tanto otros como V\u00edctor Erice se preparaban para afirmar, a\u00f1os m\u00e1s tarde<strong>: <\/strong>\u201cEs muy posible que el cine haya sido el \u00faltimo cap\u00edtulo de la historia del arte de un tipo de civilizaci\u00f3n indoeuropea. De lo que no hay duda es de que fue el gran arte popular del siglo XX. Su desaparici\u00f3n ha supuesto una p\u00e9rdida capital\u201d.<\/p>\n<p>Es necesario aqu\u00ed un ejercicio de imaginaci\u00f3n que les permita, especialmente a los y las m\u00e1s j\u00f3venes, trasladarse a unos a\u00f1os en donde apenas empezaban a llegar hasta nosotros las discusiones sobre la escritura colonial y eurocentrista de la historia del cine. De manera que pod\u00edamos estar c\u00f3modos suponiendo que el v\u00f3rtice de la historia del cine pasaba por unas cuantas tradiciones centrales, y por algunos m\u00e1rgenes, escogidos y se\u00f1alados desde esos mismos centros. Los m\u00e1rgenes que hab\u00edan superado la invisibilidad eran quiz\u00e1 los cines brasile\u00f1o o mexicano, un poco del cubano o el argentino, ciertos directores indios y japoneses, y pel\u00edculas de muchos pa\u00edses vistas como fen\u00f3menos aislados y ahist\u00f3ricos, sin apenas relaci\u00f3n con la formaci\u00f3n de tradiciones nacionales. Para estar al tanto del cine latinoamericano, m\u00e1s all\u00e1 de lo que ordenaban los festivales europeos, \u00edbamos al Festival de Cine de Cartagena, que ni en su peor d\u00e9cada, la de 1990 precisamente, dejaba de procurarnos cierta cercan\u00eda con las cinematograf\u00edas vecinas.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">\u201cEs muy posible que el cine haya sido el \u00faltimo cap\u00edtulo de la historia del arte de un tipo de civilizaci\u00f3n indoeuropea. De lo que no hay duda es de que fue el gran arte popular del siglo XX. Su desaparici\u00f3n ha supuesto una p\u00e9rdida capital\u201d<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Vuelvo entonces a esta sala 1 del Colombo Americano buscando que esta narraci\u00f3n dispersa tenga un centro ilusorio. En esos primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1990 aqu\u00ed se celebraron las principales ceremonias de mi investidura como cin\u00e9filo: un ciclo de Derek Jarman en 1995, un a\u00f1o antes de su muerte; la proyecci\u00f3n completa de las casi 16 horas de <em>Berlin Alexanderplatz<\/em> de Fassbinder, espaciadas en varios d\u00edas para prolongar el suspenso, el efecto o el asombro, funciones a las que asist\u00eda viniendo desde el pueblo en el que por entonces viv\u00eda, solo por la incitaci\u00f3n de saber las peripecias de estos antih\u00e9roes tan golpeados y tan necesitados de pertenencia y amor; los seminarios de Luis Alberto \u00c1lvarez a los que una amiga de \u00e9l, que hac\u00eda de portera, me dejaba colar pues a m\u00ed no me alcanzaba la plata para pagarlos. Y tantos ritos de iniciaci\u00f3n m\u00e1s que ser\u00eda extenuante enumerar.<\/p>\n<p>Hablo de investidura y de ritos de iniciaci\u00f3n como cin\u00e9filo. Si uso ese tono religioso y ceremonial es porque en efecto venir ac\u00e1, a este teatro, ten\u00eda algo de peregrinaje hacia el centro espiritual de una fe. Era la fe en que el cine pod\u00eda ense\u00f1arme, ense\u00f1arnos a a ver y a sentir la realidad de una manera m\u00e1s concentrada e intensa; que todo aquello que en el mundo de afuera aparec\u00eda incontrolable y azaroso las pel\u00edculas lo organizaban en un orden bello, o que incluso el caos pod\u00eda estar pleno de significado. S\u00ed, esa fue la intuici\u00f3n o la visi\u00f3n que me aportaron esas cuatro pel\u00edculas que ya mencion\u00e9. La experiencia del acuerdo o la concordancia entre los hechos y sus sentidos.<\/p>\n<p>Hablo de peregrinaje tambi\u00e9n porque estas experiencias estaban condicionadas por dos limitaciones, o quiz\u00e1 marcadas por dos posibilidades, depende c\u00f3mo se las mire. El desplazamiento en el espacio y la espera en el tiempo. Era como el amor o el deseo. El cumplimiento del amor por el cine, o del deseo de ver pel\u00edculas, exig\u00eda una disposici\u00f3n para la aventura. Parafraseando los \u201cVersos del testamento\u201d de Pasolini: hab\u00eda que tener buenas piernas y una resistencia fuera de lo com\u00fan \/ evitar resfr\u00edos, influenzas y angina \/no temer a rapi\u00f1adores ni asesinos \/ si tocaba caminar toda la tarde o toda la noche \/hab\u00eda que hacerlo sin pensar mucho.<\/p>\n<p>La recompensa era un acceso, por breve que fuera, a una noci\u00f3n de trascendencia que a pesar de ser laica se revest\u00eda, insisto, de toda la indumentaria de lo religioso. En su libro <em>Contra la cinefilia<\/em>, su autor, el espa\u00f1ol Vicente Monroy habla de la recurrente comparaci\u00f3n entre el cin\u00e9filo y el amante. Se trata de un amante celoso y frecuentemente irritado, a veces muy a la defensiva, dispuesto a proteger ciegamente al objeto de su amor. Yo agregar\u00eda entonces a la figura del amante, la del fiel de una iglesia o una religi\u00f3n, o la del militante de una cruzada. Los cin\u00e9filos, en su versi\u00f3n m\u00e1s estereotipada, lucen como una milicia (armada) dispuesta a dar la vida por un ideal.<\/p>\n<p>A esas figuras tan proclives al dogmatismo yo opondr\u00eda la simple noci\u00f3n de experiencia. Ir a buscar las pel\u00edculas, recorrer la ciudad o llegar hasta sus extrarradios fue, en mi caso, una b\u00fasqueda por huir de las prisiones que constituyeron la experiencia de cualquier joven promedio de mi generaci\u00f3n: la cerraz\u00f3n de la religi\u00f3n, del patriarcado, de la violencia. No quer\u00eda salir de una c\u00e1rcel, aquella que nos ancla a una familia o a una cultura como la antioque\u00f1a, para entregarme al encierro voluntario de la cinefilia, encierro del cual hablar\u00e9 con mayor detalle m\u00e1s adelante.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">En su libro <em>Contra la cinefilia<\/em>, su autor, el espa\u00f1ol Vicente Monroy habla de la recurrente comparaci\u00f3n entre el cin\u00e9filo y el amante. Se trata de un amante celoso y frecuentemente irritado, a veces muy a la defensiva, dispuesto a proteger ciegamente al objeto de su amor.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Si peregrinaba hacia las pel\u00edculas no era para aislarme de la vida sino para precipitar una mejor identificaci\u00f3n con ella, para hacer legibles los vac\u00edos o las grietas de lo real. Por esa b\u00fasqueda desesperada de identificaci\u00f3n entre la vida y el cine es que me resulta ahora tan dif\u00edcil, adem\u00e1s tan in\u00fatil, no incluir a las pel\u00edculas en mi m\u00e1s b\u00e1sica educaci\u00f3n emocional o pol\u00edtica, o asumir la voz impersonal del acad\u00e9mico, o reconocer la construcci\u00f3n social y subjetiva del gusto (una evidencia que es hoy imposible de eludir) y sin embargo seguir jugando a la posibilidad de imponer mi propio gusto como \u00fanica verdad, desde la tribuna incendiaria de la cr\u00edtica. No existe el cine sin un v\u00ednculo con las experiencias que me constituyeron como sujeto, por tanto quien habla cuando digo yo no es m\u00e1s que la raz\u00f3n o el coraz\u00f3n de ese sujeto, y est\u00e1 claro que es imposible seguir creyendo que tiene un valor universal. Para hablar hoy de cine preferir\u00eda elaborar mapas y geograf\u00edas afectivas donde las pel\u00edculas se inserten en el tejido de las ciudades que camin\u00e9 y sufr\u00ed, de las pasiones que las calles me suscitaron, del deseo que me acechaba en las esquinas, del amor como promesa fraudulenta. Y tambi\u00e9n de los libros que le\u00eda mientras tanto, de la m\u00fasica que descubr\u00eda y escuchaba.<\/p>\n<p>Si la met\u00e1fora espacial es inevitable y si estas agitan la imaginaci\u00f3n, les invito a imaginar conmigo que esta sala 1 era el centro de irradiaci\u00f3n de un movimiento que se extend\u00eda por todo el Valle de Aburr\u00e1, o un punto de confluencia de trayectos en distintas direcciones. Les invito a pensar que no existe cinefilia en abstracto, sin una relaci\u00f3n con las condiciones materiales de la existencia, sin urbanismo y arquitectura. La cinefilia es otra ciencia del espacio, pero tambi\u00e9n otro nombre para la autobiograf\u00eda. Aun los cin\u00e9filos debemos pagar el precio de la vida (as\u00ed sea solo el precio de las boletas para entrar a las pel\u00edculas o de los buses para llegar a los lugares donde las proyectan). Alguien debe pagar tu cinefilia y espero que no sean tus padres.<\/p>\n<p>Sigamos pues este viaje por aquellos sitios que hicieron llevadero aquel verso v\u00edvido y vivido del poeta nada\u00edsta Dar\u00edo Lemos, y que adoraba cuando era joven: \u201cMi alma no soporta los lugares\u201d. Bajando las escaleras, tres pisos debajo de esta sala de cine, estaba la videoteca del Colombo Americano que el gran Paul Bardwell, director de esta instituci\u00f3n por casi veinte a\u00f1os, surt\u00eda con prodigalidad cada que regresaba de un viaje al exterior con su equivalente a la bolsa m\u00e1gica de <em>Mary Poppins<\/em>, de la cual sal\u00edan, en su respectiva sucesi\u00f3n temporal, pel\u00edculas en betamax, VHS, discos l\u00e1ser y dvds con el cine m\u00e1s ins\u00f3lito que pudi\u00e9ramos imaginar en la estrechez de mundo que sobrevino bajo el cielo antioque\u00f1o en las a\u00f1os en que nos acostumbramos a vivir en peligro. Lo digo sin nostalgia, o con una nostalgia cr\u00edtica, al menos: fueron los mejores a\u00f1os de nuestra vida. O para con el auxilio de Charles Dickens: \u201cera el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos\u201d.<\/p>\n<p>Hac\u00eda el norte de la ciudad quedaban la Universidad de Antioquia y sus cineclubes con pel\u00edculas en 16 y 35 mm, y tambi\u00e9n la v\u00eda que me llevaba de vuelta a la casa de mis padres, en El Santuario, esa casa donde nunca hubo la pasi\u00f3n por el cine pero donde antes que yo, en la d\u00e9cada de 1940, creci\u00f3 el famoso censor de pel\u00edculas para la iglesia cat\u00f3lica y para uno de sus \u00f3rganos de difusi\u00f3n: el peri\u00f3dico El Colombiano. Crec\u00ed pues entre las mismas paredes cuasi conventuales que el tristemente c\u00e9lebre Humberto Bronx, para quien el cine pod\u00eda ser un vicio tan digno de combatir como las drogas o la homosexualidad. Quiz\u00e1 para contrariarlo me gustaron las tres cosas: las pel\u00edculas que incitan al deseo, los hombres y los alucin\u00f3genos.<\/p>\n<p>Al sur del Colombo, en Envigado, qued\u00f3 la sede final de la Cinemateca El Subterr\u00e1neo, a cuya \u00faltima funci\u00f3n asist\u00ed como \u00fanico espectador para ver la pel\u00edcula <em>Miedo devorar alma,<\/em> tambi\u00e9n de Fassbinder; y la Biblioteca Diego Echavarr\u00eda Misas de Itag\u00fc\u00ed a la que desafiando lejan\u00edas y esquivando trancones llegaba cada martes y donde me deslumbraron las pel\u00edculas de un franc\u00e9s olvidado, Pierre Granier-Deferre y me naci\u00f3 un amor chispeante por la gran actriz de ese mismo pa\u00eds Simone Signoret.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">Crec\u00ed pues entre las mismas paredes cuasi conventuales que el tristemente c\u00e9lebre Humberto Bronx, para quien el cine pod\u00eda ser un vicio tan digno de combatir como las drogas o la homosexualidad.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Pasando la Avenida Oriental quedaba la vieja sala del Museo de Antioquia en la que vi no solo <em>Paris Texas<\/em> sino, a\u00f1os despu\u00e9s, la misteriosa y hoy poco recordada <em>Identificaci\u00f3n de una mujer<\/em> de Michelangelo Antonioni; m\u00e1s hacia el oriente de la ciudad, atravesando calles y puentes, y en la otra banda del r\u00edo se erig\u00eda la antigua sala del Museo de Arte Moderno de Medell\u00edn, con su proverbial mala proyecci\u00f3n a la que sobrevivieron pel\u00edculas como la grand\u00edsima<em> Teresa<\/em>, de Alan Cavalier. Un d\u00eda de los a\u00f1os noventa \u2013una noche\u2013sal\u00ed de esa vieja sala del Mamm, en el barrio Carlos E. Restrepo, con la conciencia completamente exaltada, como en un estallido de mil pepitas de colores, y con el deseo de cuerpos descompuestos y metales crujientes despu\u00e9s de ver la incitante <em>Crash<\/em> de David Cronenberg, que el hoy solo por mi recordado Humberto Bronx hubiese calificado como inmoral en El Colombiano.<\/p>\n<p>No quiero cansarlos con m\u00e1s referencias que solo para m\u00ed tienen la plenitud de lo vivido. Y no pretende en absoluto decir que al p\u00fablico de hoy no le ocurran con las pel\u00edculas experiencias soldadas a su propia vida. Pero tampoco se puede negar que la compresi\u00f3n del espacio y del tiempo ha convertido el desplazamiento y la espera m\u00e1s en una excepci\u00f3n que en la regla. Hoy, expresiones como \u201cquiero verla ya\u201d o \u201cno puedo esperar para verla\u201d, en relaci\u00f3n con pel\u00edculas anheladas, se han vuelto sintom\u00e1ticas de una intolerancia frente a lo que supone el sometimiento a las leyes del espacio y del tiempo que constituyen no solo al cine como lenguaje art\u00edstico sino, por lo menos para generaciones anteriores, la condici\u00f3n misma del acto de ver las pel\u00edculas.<\/p>\n<p>Tal vez esta compresi\u00f3n o p\u00e9rdida parcial dentro de la ecuaci\u00f3n espacio-tiempo sea parte de lo que el director V\u00edctor Erice considera como una desaparici\u00f3n del cine y una p\u00e9rdida capital. \u00bfCon la devaluaci\u00f3n del cine como ritual social, acrecentada por las restricciones posteriores a la crisis del covid-19, se ha perdido el aura del cine tal como lo conocimos? Y s\u00ed es as\u00ed, y es algo de lo que no estoy seguro, qu\u00e9 se abre ante nosotros, ante m\u00ed y ante ustedes, y que puede esperar la tanta gente para quien las pel\u00edculas, el cine, siguen siendo importantes, centrales para la trama de sus vidas. \u00bfEstamos acerc\u00e1ndonos a una progresiva conciencia de ser una minor\u00eda ya no flotante o en movimiento hacia las pel\u00edculas sino estacionada, sedentaria, desvinculada de interacciones con los otros?<\/p>\n<p>He llenado este recorrido de muchas preguntas y pocas respuestas, en parte porque todas las respuestas, con su presunci\u00f3n de seguridad, me parecen insatisfactorias. Pero para no defraudar del todo las expectativas con que quiz\u00e1 muchos de ustedes llegaron a este evento, quisiera intentar al menos una afirmaci\u00f3n. O el esclarecimiento de una pregunta crucial: \u00bfseguir\u00e1 siendo la cr\u00edtica, ya sea vertical o dialogante, un modo de prolongar por un tiempo, o en el tiempo, la experiencia de ver pel\u00edculas?<\/p>\n<p><strong>Qu\u00e9 podr\u00e1 ser ejercer la cr\u00edtica de cine despu\u00e9s del cine<\/strong><br \/>\nNo comparto pues plenamente las ideas de V\u00edctor Erice y de tantos otros, especialmente hombres blancos indoeuropeos, sobre la muerte del cine. Aun si el espect\u00e1culo de cohesi\u00f3n entre desconocidos que era asistir a los cines est\u00e1 en crisis y hoy vemos las pel\u00edculas en espacios no imaginados por la cinefilia del siglo veinte, las pel\u00edculas, insisto, siguen aportando experiencias mejores que la vida. Por mejor que la vida, vuelvo a repetir, no entiendo algo que desplace a las experiencias reales sino que nos brinde atisbos de una realidad m\u00e1s s\u00f3lida y contundente, m\u00e1s comprensible e intensa, menos grosera de lo que a veces es la interacci\u00f3n encaminada a fines de lo cotidiano.<\/p>\n<p>Muchos seguimos yendo a cine, o viendo pel\u00edculas, no como un ejercicio de distracci\u00f3n y olvido, ni como simple entretenimiento, sino como un recordatorio de lo mejor que somos o podemos ser. Adem\u00e1s, se siguen haciendo hoy pel\u00edculas admirables, anticipatorias e inspiradoras. El lenguaje del cine no ha llegado a su fin, y con este convencimiento es posible desafiar las ideas de clasicismo y cuestionar lo cerrado de etiquetas como las que encapsulan a las edades doradas de g\u00e9neros o cines nacionales. Para innumerables poblaciones que han sido figuradas como sujetos pasivos del cine, el presunto final de este arte resulta una afirmaci\u00f3n intolerable; las mujeres, los ind\u00edgenas, las multitudes queer, los pueblos por venir, las negritudes necesitan imaginar que pueden ser las due\u00f1as de sus propias representaciones, pues rara vez lo han sido.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">Muchos seguimos yendo a cine, o viendo pel\u00edculas, no como un ejercicio de distracci\u00f3n y olvido, ni como simple entretenimiento, sino como un recordatorio de lo mejor que somos o podemos ser.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Sin embargo, ser\u00eda muy interesante extraer de esa peregrina idea de la muerte del cine aquello que tiene de vivificador. Podr\u00edamos aceptar que ha muerto una idea del cine como arte aut\u00f3nomo, aislado de la realidad social, reacio al di\u00e1logo con otras artes. Una tradici\u00f3n dogm\u00e1tica de la cinefilia capaz de llevar su dogmatismo hasta el hecho de construir, como escribi\u00f3 Vicente Monroy en <em>Contra la cinefilia<\/em>: \u201cuna verdadera cultura paralela, que solo remite al cine como espacio interior, introspectivo [\u2026] La cultura cin\u00e9fila no le debe mucho a la Academia, e incluso se puede pensar que avanza en su contra. Ha creado un campo de estudio orgullosamente aislado y coherente [\u2026] La cinefilia invent\u00f3 lenguajes, relatos morales, tr\u00e1gicas enfermedades, activ\u00f3 v\u00ednculos hasta entonces in\u00e9ditos del hombre con el medio, le llev\u00f3 la contraria a la historia del arte. Llena de <em>boutades<\/em>, de frases rotundas, de sectas, de batallas, esa disparatada ciencia de la mirada, este <em>amour fou <\/em>lo neg\u00f3 todo para volver a afirmarlo.\u201d (1)<\/p>\n<p>Bastar\u00eda ir \u2013volver\u2013 a un festival de cine, especialmente a los m\u00e1s grandes e influyentes, para comprobar que, a pesar de que luzca exagerada, la afirmaci\u00f3n de Monroy acerca de la cinefilia como una cultura paralela refleja ese aire asfixiante que a veces se respira en los c\u00edrculos cin\u00e9filos, y que se concreta en una conversaci\u00f3n autosuficiente adocenada con miles y miles de referencias a nombres y t\u00edtulos, sin apenas relaciones con hechos ajenos a su propia tradici\u00f3n. La cultura cin\u00e9fila fue capaz de darle cierto glamour o al menos sofisticaci\u00f3n intelectual a la idea del encierro entre sombras, ese del que tan bien hablaron dos grandes escritores \u2013y cin\u00e9filos\u2013 colombianos: Andr\u00e9s Caicedo y \u00c1lvaro Cepeda Samudio. El corolario casi inevitable de esa imagen de la caverna plat\u00f3nica cinematogr\u00e1fica, fue un encierro cin\u00e9filo en los l\u00edmites y los inmensos logros de un arte joven que creci\u00f3 canibalizando y negando, consecutivamente, a las dem\u00e1s artes.<\/p>\n<p>Eso fue as\u00ed y nos dot\u00f3 de leyendas y frases contundentes y magn\u00edficas, de gestos emancipatorios y orgullosos. Pero las leyendas palidecen. Hoy hay m\u00faltiples evidencias del desgaste de ese l\u00e9xico o de su pura conversi\u00f3n en resistencia anacr\u00f3nica y reaccionaria. Una de esas evidencias es la tolerancia de muchos cin\u00e9filos de la vieja escuela con lo que hoy resulta casi que incontestable, y es la construcci\u00f3n masculina y colonial de la mirada cinematogr\u00e1fica, que tiene de fondo un parad\u00f3jico rechazo a las implicaciones mutuas entre arte y vida. \u00bfEs posible a\u00fan seguir afirmando el espacio art\u00edstico como algo excepcional, ajeno a los cuestionamientos \u00e9ticos del mundo de la vida? \u00bfEsa excepcionalidad no coincide con la naturalizaci\u00f3n del privilegio de la mirada, y con su perpetuaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Por otra parte, los estudios contempor\u00e1neos sobre la recepci\u00f3n del cine demuestran la existencia de espectadores a la vez m\u00e1s diversos y m\u00e1s capaces de apropiarse creativamente de las pel\u00edculas y de incorporarlas a sus experiencias vitales y a los procesos de su formaci\u00f3n personal. No existe tal cosa como un espectador ideal, sino m\u00faltiples espectadores condicionados por su propio espacio ideol\u00f3gico. Esa es la l\u00f3gica espectatorial que se hace perentorio entender, si todav\u00eda se quiere actuar u operar cambios en la recepci\u00f3n o apertura en las pr\u00e1cticas, sin caer en ese lenguaje de la ilustraci\u00f3n euroc\u00e9ntrica que encierra, por ejemplo, una reuni\u00f3n problem\u00e1tica de palabras como \u201cformaci\u00f3n de p\u00fablicos\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfTodav\u00eda es posible pensar en el cr\u00edtico como un espectador ideal? \u00bfEs el cr\u00edtico ese sujeto sin prejuicios capaz de exponerse a la experiencia de las pel\u00edculas con inocencia, sin polvo viejo en los ojos? Sinceramente, no lo creo. Siempre me ha gustado la definici\u00f3n de Luis Alberto \u00c1lvarez (el cr\u00edtico antioque\u00f1o, fundador de Kinetoscopio y quien ejerci\u00f3 parte de sus funciones pedag\u00f3gicas \u2013sacerdotales\u2013 en esta sala 1) del cr\u00edtico como un espectador intensivo; y me gusta por esa mezcla entre calidad y cantidad que sugiere, y porque la intensidad evoca el orden de la experiencia y de la pasi\u00f3n.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">\u00bfTodav\u00eda es posible pensar en el cr\u00edtico como un espectador ideal? \u00bfEs el cr\u00edtico ese sujeto sin prejuicios capaz de exponerse a la experiencia de las pel\u00edculas con inocencia, sin polvo viejo en los ojos? Sinceramente, no lo creo.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n he visto a los mejores cr\u00edticos de mi generaci\u00f3n destruidos por la intolerancia, trazando cercos defensivos en torno a gustos privados (como todos los gustos), utilizando micr\u00f3fonos para proferir pastorales y convirtiendo sus columnas o art\u00edculos en p\u00falpitos. Me he visto a m\u00ed mismo haciendo eso. Y he querido tener el tiempo, o la cordura, suficientes para ver lo caricaturesco de ese gesto.<\/p>\n<p>Hoy quisiera imaginar un cr\u00edtico que piense ya no sentado en ese trono, sino propiciando un di\u00e1logo y aportando elementos, informaciones, ideas para que las experiencias del p\u00fablico alcancen su m\u00e1ximo potencial. Siguiendo esa intuici\u00f3n intento hoy hacer una cr\u00edtica menos vertical, menos dada a la hip\u00e9rbole y a la descalificaci\u00f3n. Ya no el combate \u00e9pico sino la l\u00edrica, que es el g\u00e9nero literario que inventaron los amantes, y que fue escrito en lenguas vern\u00e1culas, en tonos localizados, vinculados a un territorio. Sue\u00f1o una lengua menor que desdiga la arrogancia de la lengua mayoritaria, transicional y transnacional. Me declaro partidario de esa subjetividad permanentemente inventada. La cr\u00edtica como seducci\u00f3n y rodeo er\u00f3tico.<\/p>\n<p>Digo que intento y soy muy consciente de que a veces, m\u00faltiples veces, no lo logro. O que casi nunca lo consigo sin por eso dejar de tenerlo como prospecto o utop\u00eda. Quiero reconocer que he llegado a estos convencimientos, que en realidad son sobre todo deseos, aspiraciones e ideales que intuyo o vislumbro a trav\u00e9s de una larga estela de derrotas. Sobre ellas me quiero detener, y para ese detenimiento y observaci\u00f3n debo enumerarlas:<\/p>\n<ul>\n<li>Aunque la cr\u00edtica es un acto de amor es inevitable que genere enemistad. Siempre me he hecho una pregunta que quiz\u00e1 carezca de sentido, y es acerca de si esta enemistad y animadversi\u00f3n que despertamos los cr\u00edticos es merecida o infundada. Tal vez es merecida en la medida en que nuestro dogmatismo le suele cerrar espacio a la conversaci\u00f3n y a la escucha, que no es otra cosa que dejarse afectar por el rostro y el habla del otro (que, por cierto, a su vez suele estar llena de dogmatismos que se encadenan unos a otros con su peso de idealismos duros).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Es justo reconocer que el dogmatismo cin\u00e9filo ha ayudado a que la escritura cinematogr\u00e1fica (y con esta idea de escritura me afilio a toda una tradici\u00f3n reflexiva que viene de Alexandre Astruc y su formulaci\u00f3n de la <em>cam\u00e9ra-stylo<\/em>) consolide un legado de autoexigencia, es decir, una tradici\u00f3n regida por el magisterio y la posibilidad de su transmisi\u00f3n. Lo problem\u00e1tico es que en la definici\u00f3n de este canon del gusto y del valor est\u00e9tico se han repetido asimetr\u00edas de diversos tipos. Es imposible disociar gusto y valor de estructuras de exclusi\u00f3n en las que se cruzan las realidades materiales construidas por las relaciones de clase, el g\u00e9nero y la racialidad. Pero es imposible imaginar la cr\u00edtica sin convicciones y ajena a la vehemencia. La cr\u00edtica no es oficio ni destino para c\u00ednicos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">El patrimonio de pensamiento cin\u00e9filo ha sido mayoritariamente construido por hombres provenientes de c\u00edrculos sociales relativamente homog\u00e9neos. No se trata, en mi caso, de amputar esa tradici\u00f3n o de invocar una <em>tabula rasa<\/em>, sino de reconocer los lugares desde los que se ha escrito la cr\u00edtica y la historia del cine, y estar abierto a revisiones, relecturas y, lo \u00faltimo pero no lo menor, autoex\u00e1menes.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">Es imposible disociar gusto y valor de estructuras de exclusi\u00f3n en las que se cruzan las realidades materiales construidas por las relaciones de clase, el g\u00e9nero y la racialidad.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Me pas\u00f3 en a\u00f1os recientes con el cine comunitario. Luego de haber asistido a algunos festivales que re\u00fanen trabajos realizados por comunidades en territorios marcados por el trauma, el despojo y, en \u00faltimas, la violencia, mi propio r\u00e9gimen de valor se fue haciendo agua. Pel\u00edculas que desde mi trabajo como cr\u00edtico en medios especializados no hubiese reconocido o comentado, se empezaron a revelar en toda su complejidad y necesidad. Muchas de estas pel\u00edculas, concebidas a partir de formas de apropiaci\u00f3n de la narrativa dominante, por ejemplo del cine de Hollywood o de las telenovelas, vistas desde una perspectiva m\u00e1s desprejuiciada se impon\u00edan como artefactos culturales y simb\u00f3licos indispensables para infinidad de procesos sociales. En muchos casos, al darle cabida al pensamiento m\u00e1gico o al manique\u00edsmo, otorgaban explicaciones profundas, o por lo menos sugerentes y admisibles, de la realidad.<\/p>\n<ul>\n<li>La enemistad hacia los cr\u00edticos puede ser tambi\u00e9n el producto fabricado de un antiintelectualismo con cada vez m\u00e1s acciones en todo tipo de \u00e1mbitos, reaccionarios y progresistas, que coinciden en el rechazo al intelectual como alguien ajeno a la vibraci\u00f3n, energ\u00eda y autenticidad de los procesos sociales de lucha y cambio. El intelectual como desconectado e insolidario con los reclamos por justicia y equidad, y ventr\u00edlocuo de las supremac\u00edas y los poderes. En ese estado de cosas, los cr\u00edticos podemos f\u00e1cilmente entrar en la categor\u00eda biopol\u00edtica de poblaci\u00f3n obst\u00e1culo, esa que impide el desarrollo de fuerzas que se imaginan org\u00e1nicas o naturales, pero que no lo son, como no son naturales precisamente el gusto o los prejuicios.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Desconfiar del lugar com\u00fan o del f\u00e1cil consenso suele ser visto como inoportuno e inc\u00f3modo. Hay que decir que el lugar com\u00fan crea falsas comunidades afectivas en las que predomina la disonancia cognitiva o el autoenga\u00f1o. Y hay que tener mucha capacidad de discernimiento \u2013buenas piernas y una resistencia fuera de lo com\u00fan\u2013 para identificar cuando el pensamiento m\u00e1gico o m\u00edtico es una explicaci\u00f3n profunda de la realidad y cuando es un instrumento m\u00e1s de dominaci\u00f3n. La tarea es inmensa y no hay f\u00f3rmulas.<\/p>\n<ul>\n<li>La cr\u00edtica es el oficio menos valorado, en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, de esa cadena de producci\u00f3n en la que est\u00e1n insertas las pel\u00edculas. Estamos al final de ella, siempre inc\u00f3modos, siempre instrumentalizados y siempre observados con sospecha o prevenci\u00f3n: vistos como sujetos desconectados de la magia o el esfuerzo de los rodajes o de las salas de edici\u00f3n y sonidos, como resentidos, incomprensibles, abstrusos y arbitrarios. Inc\u00f3modos o instrumentalizados porque no hacemos parte de censos o academias de cine; ruedas sueltas y precarizadas de una cinematograf\u00eda ya de por s\u00ed precaria.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">A nadie parece importarle mucho la precarizaci\u00f3n de nuestro trabajo que, por si alguien no lo sabe, no tiene l\u00edmites en su ca\u00edda. En mi trabajo profesional como cr\u00edtico he visto el cierre o transformaci\u00f3n de todos los medios en los que he trabajado. La lista es enorme e incluye suplementos especializados de peri\u00f3dicos (como el Imaginario del peri\u00f3dico El Mundo), revistas culturales (como Arcadia), revistas de cine impresas y virtuales (como Kinetoscopio o Extrabismos), revistas de informaci\u00f3n general (como Cambio o Diners). He visto el ascenso y ca\u00edda de los blogs, como ahora veo \u2013con prudencia\u2013 el ascenso de podcasts y canales de video ensayo. Tambi\u00e9n llevo mi propia libreta en la que, como aquel personaje de Fernando Vallejo, el de <em>El don de la vida<\/em>, voy anotando a los perdidos<strong>.<\/strong> A los que han desertado por cansancio o a los que se llev\u00f3 la muerte \u2013son tantos\u2013: a Juan Guillermo L\u00f3pez, Paul Bardwell, Luis Alberto \u00c1lvarez, Alberto Aguirre, Daniel Rodr\u00edguez Vidosevich\u2026 no puedo seguir.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">He visto el ascenso y ca\u00edda de los blogs, como ahora veo <strong>\u2013<\/strong>con prudencia\u2013 el ascenso de podcasts y canales de video ensayo. Tambi\u00e9n llevo mi propia libreta en la que, como aquel personaje de Fernando Vallejo, el de <em>El don de la vida<\/em>, voy anotando a los perdidos.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Lucho porque semejante constataci\u00f3n no me encierre en la prisi\u00f3n de la melancol\u00eda o del cinismo. Oro, en las formas \u00edntimas de mi oraci\u00f3n, para que la memoria de tantos idos me recuerde que soy un pasajero entre dos inmensidades: lo que hubo antes y lo que vendr\u00e1. El intervalo humano es, en verdad, min\u00fasculo. Y en ese intersticio en el que nos es dado vivir, los seres humanos hemos producido destrucci\u00f3n y belleza.<\/p>\n<ul>\n<li>La cr\u00edtica ha sido excluida de los medios masivos y ha migrado hacia otras iniciativas, con lo cual el cr\u00edtico ha perdido independencia frente o autonom\u00eda con respecto a quienes hacen las pel\u00edculas, y esto ha pasado puesto que el cr\u00edtico se ha tenido que reformular como curador o aceptar oficios y labores que lo ponen demasiado cerca de los equipos t\u00e9cnicos y art\u00edsticos de las pel\u00edculas. La estrategia del cortafuegos, que se practic\u00f3 en las salas de redacci\u00f3n para evitar el contacto inc\u00f3modo entre los periodistas y los encargados de las funciones administrativas de los diarios, ya no est\u00e1 a la mano, pues son muy pocos hoy los cr\u00edticos que viven, econ\u00f3micamente, del oficio de escribir y opinar sobre cine. El cr\u00edtico es hoy una extra\u00f1a mezcla de columnista, hombre o mujer-empresa, gestor cultural y funcionario, que en la ma\u00f1ana se comunica con un director para avisarle de alg\u00fan tr\u00e1mite necesario para un programa o curadur\u00eda y en la tarde escribe sobre la pel\u00edcula de ese mismo director. Los conflictos de intereses saltan a los ojos incluso de los menos escrupulosos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Termino aqu\u00ed esta lista de derrotas para intentar un cierre y algunas proposiciones.<\/p>\n<p><strong>(No) instrucciones para superar la melancol\u00eda y emprender peque\u00f1os actos localizados<\/strong><br \/>\nEl primer efecto de aceptar o incluso propagar las ideas de la muerte del cine es, para el cin\u00e9filo, empezar a vivir con la conciencia de un presente que solo puede entenderse desde la falta o el d\u00e9ficit. Las p\u00e9rdidas, y mucho m\u00e1s si son capitales como describe Erice a la p\u00e9rdida del cine, producen duelos y melancol\u00edas. El efecto de esto, y eso lo sabemos, es la depresi\u00f3n o la par\u00e1lisis. Sentir que el tiempo de los grandes acontecimientos pertenece al pasado y que ya solo quedan las repeticiones y las farsas, dentro de las l\u00f3gicas perversas de ese realismo capitalista que tan bien describi\u00f3 el cr\u00edtico cultural ingl\u00e9s Mark Fisher, y del cual fue v\u00edctima, hasta el suicidio.<\/p>\n<p>Fisher cuestion\u00f3 arduamente la idea propagada por el capitalismo tard\u00edo de que no hay alternativas a un sistema depredador y necr\u00f3filo. Si el trabajo cotidiano del capital es la destrucci\u00f3n de la comunidad, y la sustituci\u00f3n del bien com\u00fan por el lugar com\u00fan y el falso consenso, es decir por el conformismo, entonces la \u00fanica alternativa a ese estado de cosas nada deseable por nadie m\u00e1s que por el poder es seguir imaginando y produciendo utop\u00edas, en nuestro caso en forma de proyectos de exhibici\u00f3n, cineclubes, lugares de encuentro, revistas, escuelas de cr\u00edtica, peque\u00f1os festivales y curadur\u00edas que recuperen la escala del individuo. Con pesimismo de la raz\u00f3n, como corresponde al nivel de conciencia suficiente sobre el mundo y sus l\u00f3gicas que nos debe dar el hecho de ser adultos, y con el optimismo de la voluntad o el empecinamiento de los ni\u00f1os, esos grandes jugadores serios.<\/p>\n<p>Con un ojo dispuesto a admitir la grandeza de lo peque\u00f1o y transitorio, con amor por los peque\u00f1os gestos y las batallas elegidas. Mis batallas, por ejemplo, en estos d\u00edas, son concentradas y m\u00ednimas: mantener unos cuantos espacios de conversaci\u00f3n, en concreto un par de clases, y hacer de mi columna de cine en el recientemente inaugurado Diario Criterio, un lugar desde el cual se dirija una mirada a pel\u00edculas de dif\u00edcil destino comercial: documentales nacionales, films de autores internacionales radicales tra\u00eddos al pa\u00eds por distribuidores voluntariosos, cosas as\u00ed, que necesitan atenci\u00f3n y cuidado y de las que puedo hablar con algo de conocimiento que han desertado por cansancio \u2013y de intensidad\u2013. Y colaborar en curadur\u00edas de peque\u00f1a escala, como una reciente en la que acabo de participar en la Muestra Internacional de Bogota-MIDBO, donde econom\u00edas vulnerables del espacio audiovisual como el documental creativo sigan conservando un lugar de encuentro. Quiz\u00e1 deber\u00eda participar m\u00e1s y mejor en procesos comunitarios o cine de otros or\u00edgenes, pero no tengo herramientas para hacerlo sin que, en vez de ayudar, termine estorbando. En fin, que volverse mayor es aceptar ciertos l\u00edmites personales, sin caer en la autoanulaci\u00f3n.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">Mis batallas, por ejemplo, en estos d\u00edas, son concentradas y m\u00ednimas: mantener unos cuantos espacios de conversaci\u00f3n, en concreto un par de clases, y hacer de mi columna de cine en el recientemente inaugurado Diario Criterio&#8230;<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Creo finalmente que si la cr\u00edtica est\u00e1 devaluada y ha sido desterrada de los medios, no hay que dejar de emprender acciones para reposicionarla, como en efecto se emprenden hoy, por todos lados, en una floraci\u00f3n de ideas e iniciativas que invita al optimismo, pese a todo. Digo acciones y pienso en art\u00edculos, columnas y libros, en festivales y curadur\u00edas, y tambi\u00e9n en podcasts y canales de video ensayo, por lo menos hasta que el entusiasmo por estos nuevos formatos se equilibre a punta de realismo. El realismo de que el medio no es necesariamente el mensaje. Y que cualquier medio se puede poner en crisis. Por ejemplo, hacer cr\u00edtica cultural en Twitter o en Facebook, por mucho que una legi\u00f3n insista en que no son medios hechos para eso. Para qu\u00e9 entonces. Tampoco el cine fue hecho, en principio, para contar historias y sin embargo, por la terquead de muchos, se convirti\u00f3 en la m\u00e1s formidable m\u00e1quina de sue\u00f1os y fabulaciones.<\/p>\n<p>Si el tiktok del influencer o la reducci\u00f3n de la cr\u00edtica a la prescripci\u00f3n num\u00e9rica o cuantitativa en forma de manitos o calificaciones parece ocupar todo el espacio de lo posible en la conversaci\u00f3n social o p\u00fablica sobre las pel\u00edculas, hay que seguir escribiendo o hablando de formas sutiles, hay que admitir la posibilidad de la complejidad. Confieso que no siempre es f\u00e1cil. Y no lo es porque, por ejemplo, si bien hubo un tiempo en que los blogs o el internet 2.0 generaron la expectativa de una conversaci\u00f3n horizontal, hoy ese dialogismo vuelve a ser escaso. Se comparte una cr\u00edtica en una red social y la casi totalidad de las interacciones que propicia son nuevos mon\u00f3logos. Pero de repente surge el brillo de una conversaci\u00f3n. Hay que aferrarse a esta excepci\u00f3n y hacerla crecer, hay que hacer econom\u00edas al rev\u00e9s, para que lo m\u00ednimo sea inmenso en su diseminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para evitar ese efecto especular y narcisista de las redes sociales, donde se habla otra vez de lo que ya todo mundo habla, como en una r\u00e9plica infinita de la hegemon\u00eda, incluso disfrazada de disidencia, no se me ocurre nada mejor que volver al cara a cara, recuperar la incertidumbre del encuentro con los cuerpos de otrxs, aceptar la incomodidad que nos producen, ser conscientes del da\u00f1o potencial que encierran las interacciones y trabajar por reducir ese da\u00f1o.<\/p>\n<p>E intentar salir siempre de las burbujas en que vivimos, que pueden ser las del algoritmo virtual o las de las fronteras invisibles que gobiernan la sociabilidad en nuestras ciudades. Si el orden que habitamos y al que contribuimos eleva la sospecha y la separaci\u00f3n a normalidad, bajo la amenaza siempre latente del contagio o de la violencia, no queda m\u00e1s remedio que seguir reuni\u00e9ndonos, para desplazar del centro de la escena las met\u00e1foras de la enfermedad y de la guerra, tan frecuentemente entrelazadas. Sue\u00f1o con que estas reuniones nos liberen de otra burbuja: la de la identificaci\u00f3n entre iguales. Si salir del espacio propio solo se hace a cuenta de encontrase con nuevas im\u00e1genes especulares de uno mismo, esa salida no tiene m\u00e1s que un valor nominal.<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"destacado\">Para evitar ese efecto especular y narcisista de las redes sociales, donde se habla otra vez de lo que ya todo mundo habla, como en una r\u00e9plica infinita de la hegemon\u00eda, incluso disfrazada de disidencia, no se me ocurre nada mejor que volver al cara a cara, recuperar la incertidumbre del encuentro con los cuerpos de otrxs&#8230;<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>Pero en esos encuentros con extra\u00f1os, \u00bfc\u00f3mo es posible desterrar el paternalismo y la condescendencia? \u00bfC\u00f3mo seguir entendiendo la importancia de la exigencia? \u00bfSiguen teniendo sentido, en contextos m\u00e1s horizontales, las ideas de calidad est\u00e9tica que son el lugar de enunciaci\u00f3n favorito de los cr\u00edticos? Pienso que se trata de entender lo espec\u00edfico de cada lugar o espacio y actuar con flexibilidad. Todas las pel\u00edculas merecen existir, para todas hay p\u00fablico, pero no el mismo p\u00fablico (considerado como una cifra o una masa homog\u00e9nea) sino p\u00fablicos a su vez localizados y espec\u00edficos.<\/p>\n<p>Es violento, por insistir en un caso del que ya he hablado, llevar mi arsenal de cr\u00edtico formado en el r\u00e9gimen de criterio del valor est\u00e9tico a un espacio de cine comunitario. Pero es posible y deseable \u2013todav\u00eda\u2013 estar abierto a la sugesti\u00f3n y a la amistad hacia lo bello. Aun en espacios donde la conversaci\u00f3n sobre el valor est\u00e9tico no se establece como prioritaria, creo posible traer el di\u00e1logo sobre lo bello y lo bueno como apertura hacia una vida y un arte vigorizados. Los merecemos, con ello nuestras vidas, la m\u00eda y la de cada uno de nosotros, ser\u00e1n mejores. Hay que resistirse a las p\u00e9rdidas capitales promovidas por el gran capital y el consenso definido desde arriba, por los poderosos \u2013y sospechosos\u2013 de siempre. Las pel\u00edculas son artefactos culturales que ponen a prueba nociones de eficacia narrativa y simb\u00f3lica. Creo que siempre hay que hablar sobre eso, quiz\u00e1 m\u00e1s desde las preguntas que movilicen y menos desde las afirmaciones que anulen el lugar del otro.<\/p>\n<p>Quiero terminar declarando mi confianza en un escepticismo vital, aunque suene a paradoja. Quiz\u00e1 se trata de destruir con alegr\u00eda creadora, como lo propon\u00eda el gran periodista, librero, cr\u00edtico y editor Alberto Aguirre, para quien esta fue tambi\u00e9n su sala, al final de su vida. Walter Benjamin, ese enorme pensador tan revalorizado hoy, reparaba en su ensayo sobre el car\u00e1cter destructivo sobre la necesidad de aire fresco de los grandes destructores, que con frecuencia son as\u00ed mismo los grandes creadores. Porque se trata siempre de hacer sitio, pero para convivir y compartir, y para que lo perif\u00e9rico florezca sin ser capturado por el centro. Hay que aferrarse a esos destellos de gracia que emergen, sutiles e inesperados, en medio de la vida da\u00f1ada que nos ha correspondido vivir, destellos que son vida que se sobrepone al da\u00f1o, vida superviviente.<\/p>\n<p><strong>NOTA<\/strong>:<br \/>\n(1). Esta y otras citas, adem\u00e1s de mucha inspiraci\u00f3n, fueron tomadas del libro de Vicente Monroy, <em>Contra la cinefilia. Historia de un romance exagerado<\/em>, publicado por Clave Intelectual, Madrid, 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedro Adri\u00e1n Zuluaga<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":308,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-306","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos-y-ensayos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Por una cr\u00edtica sin dogmatismo - CANAGUARO - Revista de cine colombiano - Tercera edici\u00f3n<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Revista de Cine Colombiano - Edici\u00f3n N\u00b03 - Agosto de 2021\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/canaguaro.cinefagos.net\/n03\/por-una-critica-sin-dogmatismo\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Por una cr\u00edtica sin dogmatismo - 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