Nuestra película, de Diana Bustamante

Esquirlas de tinción roja

Joan Suárez

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya…
–Himno Nacional de Colombia–


Los fantasmas se ocupan del mundo
Y acá
¿Quién eres tú?
¿Quién eres?
–Albalucía Ángel–

 

El ruido coral que simboliza la patria suena en el silencio de la sala de cine. La oscuridad ceremonial con el tragaluz de la pantalla titila en la pupila del espectador. Un eco de remembranza evoca en tono infantil las imágenes que hacían parte del Himno Nacional para aquel entonces. El inicio es un movimiento de cámara (Tilt Down) sobre el escudo de Colombia hasta el plano general de un grupo de niños (29) que entonan con cariño la caída de la nación. Curiosamente solo dos niños están vestidos de rojo y es el color que hace parte del filme documental Nuestra película, una pequeña bitácora política, social, memorial e histórica para el momento. Un cóctel sobre las imágenes que hemos consumido (y seguimos haciéndolo) de los medios de comunicación.

 

El cine en Colombia en las últimas dos décadas ha tenido la contribución osada, inteligente y contúndete de Diana Bustamante, quien ha estado vinculada al sector audiovisual en una pluralidad de acciones de gestión cultural, desde la dirección artística en festivales de cine, la producción de proyectos de largometraje, cortometraje y documental, y la cofundación de empresas productoras para una amplia trayectoria (más de veinte películas) en las artes cinematográficas.

 

Decide ahora, entre el riesgo y la confrontación, tirar una secuencia de hechos y situaciones entre 1980 y 1990, un archivo de inventario del horror que sirve de cátedra de historia para la actualidad, y más esencial, una lectura interpretativa y narrativa sobre la violencia, desde la gota rojo del alma del campesino hasta la silueta roja de un líder social o aspirante presidencial sobre el pavimento. Un texto fílmico para el análisis con más frescura y rigurosidad para siempre interrogar: ¿qué nos ha pasado?

No hemos sentido la tonalidad de voces. Mucho menos hemos logrado aceptar el olor con un apretón de manos. Ni siquiera el gusto gastronómico de lo que vemos o probamos frente al televisor.

Los cables de video RCA podrían representar una posible interpretación del período de la violencia que abarca el documental de Diana Bustamante en Colombia; el componente de video, el sustrato de esta película, está representado por el amarillo, el mismo de la bandera que vemos de principio a fin, es decir, casi todos hemos visto estas imágenes en algún momento de la vida y en distintas edades. La imagen (archivo) es el principio activo para el ceremonial fúnebre y el inventario de hechos que debemos volver a ver con humana meditación.

 

Y más aterrador es el color rojo del cable, el mismo que lleva la señal de audio y que aplica a nosotros, no hemos podido aprender a mirar con la escucha la diversidad del otro. No hemos oído con la palabra la diferencia. No hemos atendido al tacto de la escucha. No hemos sentido la tonalidad de voces. Mucho menos hemos logrado aceptar el olor con un apretón de manos. Ni siquiera el gusto gastronómico de lo que vemos o probamos frente al televisor.

 

Y si pensáramos en el cable color blanco, es la muestra de la impunidad, el olvido, el abandono, como si no pasara nada, todo es aparentemente limpio y se han lavado las manos en el papel blanco y desde algún capitolio. Según sus intereses lo han pintado de rojo intenso por la amenaza, la desaparición, el desplazamiento, la tortura, la masacre y el exterminio de la paloma.

 

De ahí que la estructura narrativa de este documental sea a modo de espiral, en el que estamos sometidos a una larga cronología fatigable y perturbadora por la insistencia de las imágenes o secuencias, y al mismo tiempo, a la ráfaga sin control que dispara ante la pasividad del espectador, ante la tentación de pensar y asociar (quizá en un esfuerzo de escuchar): el futuro en No nacimos pa’semilla, el pensamiento recurrente de El pelaíto que no duró nada, y la ternura liviana de Un beso de Dick, y por supuesto, el sol y la luna en El campo al fin de cuentas no es tan verde.

 

A manera de un ensayo documental, la directora acompaña con su voz algunos momentos memorables tanto para su vida como para el país. Así mismo, el espectador escucha por primeara vez (diría para la gran mayoría de jóvenes y estudiantes) las voces, con sus tonos y variaciones, de las diferentes figuras públicas que aparecen como una vela incandescente sin extinguirse, es la persistencia de la memoria y su espíritu inagotable. Es el noticiero ininterrumpido y tantas veces repetido con el mismo titular.

 

En Nuestra película la directora Diana Bustamante es una arqueóloga tanto de su experiencia personal, pues tiene la misma edad de los niños del himno nacional (coincidencia temporal), como la de toda una generación (y las demás) que estuvo frente al televisor, sin la desmesura de las redes sociales, la tormenta de la suscripción de una plataforma streaming y el torbellino de consciencia de las dos últimas décadas; pero paradójicamente, ella y su generación estuvieron con la recurrencia del miedo y la manipulación, la misma táctica que usa para detener al espectador y fijar la mirada. Vuelve al álbum de Colombia para escarbar y escuchar el origen del color rojo de los cuerpos ultrajados. La voz latente en la oscuridad que pregunta en la mente de cada mirón pasivo y estático desde el sillón.

 

 

Nuestra película es un diario inacabable para incomodar el tratado de la silla, la resistencia sedentaria, más allá del amplio capítulo histórico que retrata, también es una joya arqueológica que se armó en imágenes (fragmentos cerámicos de cuerpos, ideas, convicciones y restos materiales de archivo televisivo) para intentar escuchar el origen de la guerra y abrir caminos de diálogo en medio del bucle helicoidal de un coro y once estrofas de principio y sin fin…

 

Un apunte final:

La Comisión de la Verdad tiene disponible de forma gratuita la colección de libros Futuro en tránsito: 13 títulos, cada uno con tres textos de tres autores y autoras de Colombia invitados a escribir su mirada sobre la paz del país. Cada uno de los libros recoge posturas y reflexiones sobre la paz, inspiradas en una palabra. Causa curiosidad la ausencia de palabras esenciales en único libro y derivadas al ver Nuestra película: escuchar, observar… aunque estén implícitas en los libros de dicha colección.