Oswaldo Osorio
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A cien años de su producción, esta película es un preciado documento de la cinematografía colombiana, en especial porque, solo con otras dos (Bajo el cielo antioqueño y Garras de oro), sobrevivió casi todo su metraje completo (111 min). Sin embargo, es la que tal vez evidencia con mayor claridad las precariedades de la técnica y del lenguaje cinematográfico del país por aquel entonces. De manera que es una obra un tanto primitiva, pero también cargada de un agradable desenfado y entusiasmo, así como de una serie de señas que dan forma a los modos y condiciones de la sociedad de entonces y su contexto.
El joven Félix Joaquín Rodríguez, paradójicamente, fue el único director de nuestro cine silente que tuvo algún contacto con una industria de cine, la de Hollywood, donde por un corto periodo trabajó como extra y asistente técnico. Incluso también tenía experiencia en el teatro, pues esta película, unos años antes, fue una obra de teatro de su autoría. Compuesta por once partes y un epílogo, en ella cuenta la doble historia de amor, prohibidos por las diferencias sociales, de una pareja de hermanos. Ella se enamoró del mayordomo de la hacienda donde vivían y él de la hija de un zapatero de la ciudad cuando se fue allí a estudiar. El conflicto central es el repudio de sendas relacionespor parte del padre, pero en medio hay una miscelánea de elementos y códigos que la hacen una pieza variopinta y con una inusual dinámica para la época.
Esto quiere decir que, en principio, el relato está en clave de melodrama, como todas y cada una de las películas del silente colombiano. Y la más usual base argumental del melodrama literario, cinematográfico y luego televisivo, ha sido el amor imposible, en especial a causa de las diferencias sociales. En ese sentido, Félix Joaquín Rodríguez, a falta de uno, propone dos conflictos, sin embargo, esa probable doble fuerza dramatúrgica se desvirtúa en tanto solo esboza, inicialmente, la relación entre la hija y el mayordomo, para abandonarla durante casi todo el relato y apenas retomarla hacia el final solucionándola de un plumazo. Mientras que la del hijo y la obrera fabril tienen mayor tiempo en pantalla e intensidad dramática.
En todo caso, ambas situacionessolo ponen en evidencia el clasismo que regía a la sociedad colombiana (bueno, igual ese es un mal histórico y universal), pero que en esta historia es solucionado, según lo requerimientos del obligado final feliz de este tipo de relatos, de dos distintas maneras, por un lado, con la repentina riqueza que el mayordomo ha ganada en sus negocios, y por el otro, con la forzada casualidad de que la enfermiza madre de la obrera resultó ser la hermana perdida del padre del estudiante, lo cual implicaba una relación incestuosa entre primos que todos parecieron pasar por alto, empezando por su autor. Y esto último representa un gran fallo de su director y guionista, no por el tabú moral, sino porque ya había solucionado el asunto haciendo que las virtudes de la joven disuadieran al padre para aceptarla como merecido amor de su hijo. En todo caso, el conflicto de clases fue solucionado como lo demandaban las leyes del clasismo: con riqueza o con apellido prestante.
El otro gran drama es la situación adversa que padece la joven obrera, quien, además de ser repudiada como prospecto amoroso por su condición, tiene a su madre postrada en la cama por una enfermedad, penosamente mantiene económicamente su hogar y es acosada sexualmente en la fábrica por el hijo del dueño. Pero tal vez su peor desgracia es que su propio padre le haya reprochado haber perdido su trabajo por mantener su integridad moral, lo que resulta ser una insólita concepción ética, ya del guionista o de la sociedad, cuando se justifica la situación con la sentencia “…los pobres no tenemos derecho a ser honrados.” No importa que luego el padre se arrepienta de su posición, pero esta línea de diálogo solo refuerza el clasismo que la película quería representar y normalizar con su trama.
… lo que resulta ser una insólita concepción ética, ya del guionista o de la sociedad, cuando se justifica la situación con la sentencia “…los pobres no tenemos derecho a ser honrados.”
Otro tono completamente distinto adquiere el relato cuando se centra en el díscolo y fiestero estudiante. Ahora es la comedia, la aventura y hasta la documentación social la que se impone. Desde el inicio protagoniza una pelea de borrachos desarrollada con los gestos y estructura del slapstick, esa comedia física que, en principio, solo se basó en golpetazos, patadas, destrozos y caídas; igual ocurre con su torpe zambullida al caer de un puente. Más tarde, con un ligero dejo de cine de aventuras, es atracado, junto con su amigo, cuando cruza el páramo del Almorzadero,en su travesía de Santander a Bogotá, a manos de unos torpes bandidos que les quitan los pocos pesos que tienen y les dejan los caballos. Aunque hay que aclarar con este señalamiento geográfico que, según el investigador Álvaro Cocha Henao en su Historia social del cine en Colombia (2014), todo fue rodado en Bogotá y sus alrededores, lo cual desvirtúa un poco aquello de haber sido siempre identificada como una película santandereana. Se puede decir que lo es de corazón, por el origen del autor y la alusión a su tierra en la trama.
Después, en la capital, incansable entusiasmo juvenil del estudiante es la excusa para pasear al espectador, casi a manera documental, por distintos sitios y actividades de la ciudad:el carnaval estudiantil, conocidos parques y calles, una corrida en la plaza de toros, panorámicas desde Monserrate, la estación del ferrocarril, el aeródromo y, en fin, toda una serie de lugares y situaciones que muchas veces se olvidan delargemento, pero que evidenciaban el interés y deleite de su director por dar cuenta de la belleza y progreso de esta gran ciudad a ojos de un provinciano, no importa si los de su protagonista o los suyos propios, da igual, porque en este personaje había mucho de lo que era su autor.
Esas imágenes documentales y su atenta y detallada mirada a la ciudadson, sin duda, un gesto propio del relato costumbrista que también define a este filme, el mismo que se extiende al primer tercio de la narración desarrollado en el campo, donde entonces ese deleite es por el paisaje natural, el hato ganadero, el trapiche, los campesinos “típicos”, la música folclórica y el baile del torbellino. De tal forma que esta cinta refleja, como otras de su época, esa frecuente relación entre el campo y la ciudad, sin ser tanto una tensión entre los dos escenarios, sino más bien elnatural tránsito de un espacio al otro, donde en cualquier caso los personajes se sienten cómodos y disfrutando las ventajas de ambos casi por igual.
Ahora, en sus aspectos formales, como ya se adelantó, se trata de una concepción del cine más cercana al primitivismo cinematográfico que a la narrativa que, para entonces,ya dominaban las grandes cinematografías del mundo y con la que estabancreando obras maestras. A pesar de su vocación por rodar en exteriores, es innegable que por la frontalidad, estatismo y distanciamiento de la cámara Alma provinciana se inclina más hacia el teatro filmado, cosa que se torna aún más crítica cuando lo hace en escenarios cerrados, pues incluso limita mucho más el espacio de lo que lo hicieron sus coetáneas nacionales, y salta a la vistael artificio como de “haber rodado en un rinconcito” o con tablas a los lados. Eso sin contar el sistemático descuido –o desconocimiento– de las normas de continuidad, así como los precarios y “hechizos” artefactos de iluminación que crean nerviosos rayones de luz sobre las cosas, y una puesta en escena torpe y sin planificación, que es muchas veces coronada por los actores mirando con insistencia a la cámara.
Sin importar estas limitaciones, que eran apenas la consecuencia lógica de un director debutante y de un país estrenando cine (antes de ese año solo se habían hecho nueve largometrajes), esta película respira cierto aire libertario, por el protagonismo de los jóvenes y por su actitud desafiante de las normas sociales. Un filme que se puede ver como una pieza clave de nuestro patrimonio audiovisual y que buscó ensayar elementos distintos al cine colombiano de entonces, así como explorar temas y tonos inéditos.
