Mauricio Laurens
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Comunicador de la Universidad del Valle y maestro en narrativa audiovisual de una universidad catalana, Moreno preside el nuevo Grupo de Cali, validadopor su excelente ópera prima de bandidos no superada en dieciocho años. Realizador y editor de un sinnúmero de documentales, cuñas publicitarias y videoclips experimentales; codirigió con Laura Mora,en Caracol, el exhaustivo seriado para televisión internacionalPablo Escobar, el patrón del mal–únicatemporada de 74episodios– y uno más reciente sobre relaciones,tanto literarias como psicológicas,de un tristemente célebre asesino bogotano en serie. Por obra y gracia de su formación práctica y académica, estamos ante un cineasta colombiano integral que concibe el lenguaje audiovisual como “un proceso riguroso de montaje, donde lo que comunica una idea es la combinación de una imagen con otra”.
Perro come perro(2008). Su impactante ópera prima donde un asesinato atroz en Cali y algunos miles de dólares desencadenan ajustes de cuentas, movimientos criminales y acciones de matones profesionales al servicio de un siniestro capo (o ‘patrón’),no dispuesto a colgar la toalla. Desde sus comienzos, dos oscuros sujetos protagonizan el temido clímax, por cuanto deberán esperar órdenes para actuar en un céntrico hotel de mala muerte y… ninguno de ellos podrá sentirse a gusto en la guarida céntrica que comparten. Pero… lo peor estará por venir y nunca sabremos si algún día compartirán celda o tumba.
Si cada uno de sus personajes obedece aperfiles psicológicos y morales bien delineados, la narración avanza cronológicamente y se desarrolla en secuencias paralelas a las ejecuciones de otros victimarios de contrastados estratos sociales. Mientras que cierto grado de tensión expectante se apodera,incluso del menos nervioso de los espectadores, su oscura atmósfera es verosímil y está matizada por manifiestos colores tropicales. Metáforas contundentes de bestias agresivas y animales podridos; canes huesudos que husmean alcantarillasy basurerossumados a peces ornamentales picoteados por sus afines, gusanos en formol y ciempiés deslizándose con sigilo. Bestiario nada gratuito, germen de un ‘nuevo cine colombiano’ delsiglo XXI que trueca grados instintivos de maldad, siendo reflejo de una ciudad y un país en avanzado estado de descomposición.
Sus personajes, interpretados por Marlon Moreno (Peñaranda) y Oscar Borda (Benítez), nos brindan gamas interpretativas cuyas consecutivas misiones peligrosas y sucias contrastan con instintivas circunstancias personales. Mientras que Moreno transpira sequedad, y no tiene más objetivos en su cabeza que matar a sangre fría para defender el botín hurtado, el segundo sobrelleva la posesión o el deterioro físico y mental de todos aquellos muertos que carga en sus espaldas. Tales malandros demarcan su territorio para complementarse con un chofer bromista y ordinario, que el veterano Álvaro Rodríguez asume con credibilidad; asimismo, el fallecido actor Blas Jaramillo asume la histeria incontenible de quien neutraliza el sistema delictivo, y ratifica que los dispositivos criminales vienen tanto de arriba come de abajo.
Mientras que Moreno transpira sequedad, y no tiene más objetivos en su cabeza que matar a sangre fría para defender el botín hurtado, el segundo sobrelleva la posesión o el deterioro físico y mental de todos aquellos muertos que carga en sus espaldas.
Ciertamente aturden algunas modalidades usadas por nuestra delincuencia: asfixia con bolsas plásticas, motosierra y ahogamientos en ratoneras. Porque su hilo narrativo nos arrastra por tortuosos senderos de la condición humana, hasta concedérsele características de comedia negra o amarga. Que haya guiños a Tarantino es algo irrebatible, en especial a ReservoirDogs–producida por DogEatDog, en 1992–. Un proceso de aniquilamiento moral, por Benítez, nos llevará al núcleo psicosomático de cómo un remordimiento de conciencia se convierte en pánico, síntomas alucinatorios, crisis paranoicas, insomnio, náuseas y… estómago suelto. De igual manera, las prácticas de brujería y magia negra acosan a quienes ven en estas artimañas un recurso desesperado para redondear la justicia por mano propia.
Una producción de Diego Ramírez, con dirección fotográfica de Juan Carlos Gil y edición de Felipe Guerrero, Santiago Palau y el mismo Moreno. Un equipo,dominantemente caleño, dispuesto a demostrar que había profesionalismo y ‘perrenque’ en nuestro medio; con ganas de sacarle ventajas a la creatividad individual, traduciendo fielmente una realidad inocultable que, por demás, alcanza niveles de comprensión e interés en cualquier lugar donde se proyecte. Presentada en las competiciones oficiales de Sundance(Estado de Utah) y Guadalajara (República de México), considero que es la mejor producción colombiana de comienzos de siglo y un hito en la narrativa de género del cine nacional.
Todos tus muertos (2011).Su segundo largometraje es un ensayo brechtiano del día de elecciones en un pueblo perdido de tierra caliente. Porque ¡esas cosas sí pasan aquí! Que los funcionarios públicos suelen participar en actividades políticas, que algunos alcaldes se dejan manipular por oscuros gamonales y que hay trasteo de votantes en las jornadas electorales. De igual manera se evidencian autoridades corruptas, peculados a favor de terceros y asesinatos múltiples no esclarecidos. Sin basarse en hechos concretos, esta cinta experimental filmada de día en Andalucía (Valle), funciona como una alegoría de las cosas turbias que acontecen a diario y cuyos verdaderos orígenes no han sido del todo identificados.
El humor negro se alía con lo sobrenatural y cualquier lector atento reconoce el país del que estamos hablando. Porque nos enfrentamos a un bestiario con gallos caníbales de pelea y animales carroñeros en busca del sustento. Sus recursos son de verdad cinematográficos, no teatrales, aunque, al final, los “muertos” en campo abierto saluden al público como si estuvieran vivos en el tablado. Un efecto de distanciamiento escénico llamado brechtiano, en donde los espectadores admiten que se trata de una fábula muy parecida a la realidad.
Por cuanto el verdadero tema de Moreno no son las masacres, sí un pretexto para recrear la podredumbre del entorno: impunidad, compra de votos y manipulación del electorado con bandos políticos convertidos en víctimas y victimarios de sus contendores. Una trama audaz bien hilvanada, con silencios que ocultan la verdadera naturaleza de los acontecimientos; aborda, sin tapujos, la indolencia de quienes permanecen neutrales como testigos y los riesgos de denunciar o contar lo que pasó a la opinión pública. Porque “todos tus muertos” son también los nuestros, que figuradamente arrastramos a nuestras espaldas.
Álvaro Rodríguez esgrime su gama actoral y una expresión estupefacta, puesto que ningún campesino podría explicarse cuándo y por qué le arrojaron en sus predios una impresionante montaña de cadáveres arrumados. Jorge Herrera nos demuestra que un papel secundario lleva consigo el peso tragicómico de retomar la cadena de maltratos al estado de derecho. Más allá de resucitar a las víctimas, o de mover los ojos de sus fantasmas, la alegoría nos planteó situaciones absurdas que no podían dejarnos indiferentes.
¡Que viva la música! (2015). La novela juvenil del anárquico e irreverente escritor caleño Andrés Caicedo inspiró esta película. Imágenes rápidas y contenidos discutibles, con giros no propiamente salseros, pero sí sicodélicos que maltratan –a mi parecer– el espíritu original y desvían el modelo libertario acusado por Cali en los años setenta. Saturan sus ininterrumpidas rumbas, descalabradas aventuras eróticas y una que otra alucinación de la “rubísima” María del Carmen. Por cuanto su narración audiovisual se reduce a una marejada de fiestas prendidas, que merodean por encima del espíritu rebelde o contestatario, de ansiedades depresivas y desencantadas de una ciudad y de toda una época del país nacional.
Saturan sus ininterrumpidas rumbas, descalabradas aventuras eróticas y una que otra alucinación de la “rubísima” María del Carmen.
Frases esquemáticas y maniqueas insisten que el rock era exclusivo de “jóvenes ricos de buenas familias” y que la salsa Puerto Rico-New York, traída por Richie Ray y Bobby Cruz hacia 1968, solo se escuchaba en barrios bajos a orillas del Cauca. “Rubísima”, desnaturalizada y plana, posa o finge en la bella samaria Paulina Dávila. Se dejan a un lado las contradicciones políticas entre derechas e izquierdas, o se ignoran los referentes del Cine San Fernando y de Ojo al Cine. Vale constatar las caídas de un director que arrancó muy pero muy bien, porque el novísimo y rabioso autor de Perro come perro fue brechtiano para Todos tus muertos e hizo una inconmovible transición del marco cine al televisivo en El cartel de los sapos.
Lavaperros (2020). Comedia negra e historia de bandidos –desde Tuluá, Valle del Cauca–, rivalidades fatalistas entre tipejos de poca monta, crueles venganzas y arreglos de cuentas en cadena, drama de soplones e infidelidades que se pagan con la vida. Netflix presenta… y advierte que la película contiene escenas de violencia desproporcionada, sexo inapropiado, riesgosas alucinaciones y groserías de alto calibre. En efecto, don Óscar es un capo vallecaucano que vive en su destartalada casona campestre rodeado de fieles escoltas, voluptuosas prepago, vecinos mirones e infiltrados, drogas a montones y amenazas por dineros no repartidos entre bandas rivales.
Hasta aquí todo camina bien, pero surgen confusiones o quizás contradicciones ante una fauna humana literalmente descrita: “lavaperros” de oficio, quienes se sobrepasan en actos escatológicos y zoofílicos, guardaespaldas y malandrines que juegan con fuego en las narices del cornudo patrón, joven jardinero que descubre por azar el tan socorrido botín y… atmósfera degradada de incuestionable puesta en escena con guiños propios al consabido universo “tarantinesco” de la ultraviolencia. Transcribo, entonces, una expresión salida de casillas: “Le pegaron por soplón una matada la hijuep…”
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Frases alusivas a la violencia local (en Escobar, el patrón del mal):
“Hay que matar a todo lo que se le atraviese.”
“Jugando con candela, nosotros vinimos fue a guerrear.”
“¡Tocará pelar a alguien!”
“El que me las hace,me las paga.”
“Están detrás de nosotros y mucho más cuando nos bajamos al ministro.”
“Cuando se va a pelar, se les pela y punto.”
“Lo mejor es no dar papaya.”
“Se mata la gente, pero no las almas.” (Canción ‘La última bala’, por Yuri Buenaventura).
Publicaciones personales:
Nuevo Cine Colombiano Siglo XXI:Perro come perro. Especial para CIUDAD VIVA (abril 2008, no. 40, M-VIII).
Op.65PerroComePerroCarlosMorenoElTiempoM.Laurens
La consagración de la violencia / EL TIEMPO (Opinión), 24 de abril de 2008
Voz799PerroC.Moreno2008NuevoCol. / Perro come perro,ópera prima.
Radiografía del crimen y la codicia / 27-XII-2015
Op.151TodosTusMuertosC.MorenoElTiempoM.Laurens
EL TIEMPO (Opinión – Debes leer) / 14-VII/2011
¡Esas cosas sí pasan aquí! / Todos tus muertos.
