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Una enciclopedia del cine mundial, de seis tomos y 2500 páginas, publicada en 1984, le dedica apenas 419 palabras al cine colombiano, o bueno, a los cinco cineastas que el encargado de este país conocía, con títulos mal citados y apenas un puñado de películas referenciadas de una historia que, para esta publicación, empieza a mediados de los años sesenta.
COLOMBIA: El difícil despertar de un cine joven
En un país con infraestructura cinematográfica casi inexistente y que sólo hace poquísimos años se ha desarrollado una esporádica producción de largometrajes de ficción de cierta calidad, el cine documental ha registrado algunos realizadores y títulos de interés, sobre todo en el cortometraje, muy desarrollado a partir de 1973. Carlos Álvarez (Asalto, Colombia 70, Hijos del subdesarrollo, Introducción a Camilo) ha sido la figura más conocida dentro del cine político-social, que incluso le valió años de cárcel. Federico Norden, por su parte, ha realizado una extensa labor en un campo menos comprometido, el documental folklórico. Marta Rodríguez y Jorge Silva (su esposo) han seguido siempre la senda del documento social, desde Chircales (1966-72) hasta el excelente Nuestra voz de tierra, testimonio y futuro (sic), premiado en Huelva en 1982, por gozar una categoría excepcional, superior al de otras producciones.
En el campo del cine de testimonio también ha tenido repercusión internacional Gamín (1979), de Ciro Durán, impresionante testimonio sobre la niñez abandonada en las calles de Bogotá. En el cine argumental, mucho menos desarrollado, ha destacado recientemente la obra de Luis Ospina y Carlos Mayolo. Ambos han hecho films que se acercan al género de terror, pero apoyados en realidades sociopolíticas muy específicas del país; Pura sangre (1982), de Ospina, y sobre todo Sangre de tu sangre (sic) (1983), de Carlos Mayolo (autor también con el anterior del interesante corto Agarrando pueblo), han roto con tabúes y complejos de inferioridad habituales. Sangre de tu sangre, fascinante film de apariencia vampírica, está considerado por la crítica colombiana como la obra más importante hecha hasta ahora en el país. Sumariamente, es la historia de dos hermanos de una familia tradicional de Cali, con “haciendas” en el interior. La hermana llega de Estados Unidos, donde ha estudiado, e inicia con un pariente el recuerdo de sus juegos infantiles. Pero ya adolescentes, empiezan a sentir que su compañerismo recobrado se torna erótico. Muchas entrelíneas recuerdan paralelamente (la acción es en los años cincuenta) las rivalidades políticas y cuasi feudales que en esa época ensangrentaron Colombia con interminables matanzas de campesinos. Los hermanos se transforman en vampiros al probar sangre (otro símbolo indirecto del trasfondo social) y al fin reviven tras ser matados, como todos los vampiros…
Este y otros proyectos ambiciosos se enfrentan, ahora, con una estructura aún precaria que sin embargo puede desarrollarse a poco que el Estado tome algunas medidas prácticas para apoyar el cine nacional frente al colonialismo que imponen las poderosas multinacionales norteamericanas.
Historia del cine. Volumen VI, El séptimo arte hoy. Editorial Sarpe, Madrid, 1984. pp. 241–242.
