Entrevista a Carmiña Martínez

David Sánchez

Cinco años, cuatro meses lleva el drama de los falsos positivos a Karlovy Vary: “Que el cine pueda contar esta historia al mundo también es liberador.”

La película tuvo su estreno mundial en la competición oficial del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, uno de los certámenes cinematográficos más importantes de Europa, celebrado del 4 al 12 de julio en la ciudad balneario checa. La película, que aborda el impacto de las desapariciones forzadas y los llamados falsos positivos en Colombia, reunió a parte de su equipo artístico en la presentación ante el público internacional.

Un silencio roto a través del cine

Para la actriz colombiana Carmiña Martínez, formar parte de esta película supone mucho más que presentar un largometraje en un festival internacional. Considera que el mayor valor del proyecto reside en haber llevado a la pantalla una realidad que durante mucho tiempo permaneció silenciada: la desaparición forzada y la búsqueda de las familias de las víctimas. “Esta película me ha ayudado a poder mostrar una problemática que estaba escondida, que había que guardarla en secreto y de la que no se podía hablar. Sentir que, a través del cine, algo que se quería mantener callado lo podamos dar a conocer al mundo también es liberador”, afirma.

La intérprete subraya, además, que se trata de un problema que trasciende las fronteras de Colombia. Recuerda que situaciones similares también han ocurrido en países como Argentina y México, lo que explica que la historia pueda conectar con espectadores de muy distintos lugares.

La respuesta del público en Karlovy Vary

La acogida del público durante la presentación de la película fue uno de los momentos que más la emocionó. Martínez recuerda el instante en que subió al escenario y descubrió la sala completamente llena. “Cuando me giré y vi la sala repleta pensé: Qué maravilla, tanta gente viendo nuestra película.”

Aunque el estreno no incluyó un coloquio con el público, en una proyección posterior sí pudo conocer de primera mano las impresiones de los asistentes. Según explica, muchos espectadores le transmitieron que habían acompañado emocionalmente el viaje de las protagonistas y compartido el deseo de que esas madres encontraran a sus hijos.

Acostumbrada al contacto directo con el público, gracias a su extensa trayectoria teatral, reconoce que la experiencia del cine es distinta. En el escenario, dice, la respuesta llega de forma inmediata; en una sala de cine, el silencio también comunica. “En el teatro la energía está ocurriendo aquí y ahora. En el cine el trabajo ya está hecho, pero ese silencio durante la proyección también habla. Te dice que la película está conectando con quien la está viendo”.

La huella del Teatro La Candelaria

Martínez llegó muy joven a Bogotá para estudiar Artes Escénicas. Tras pasar por el Teatro Libre, desarrolló buena parte de su carrera en el Teatro La Candelaria, donde trabajó durante veintiséis años junto a Santiago García. La actriz recuerda aquella etapa como una formación integral. Explica que el modelo de creación colectiva impulsado por La Candelaria implicaba que todos los integrantes participaban en el proceso creativo desde el inicio.

Acostumbrada al contacto directo con el público, gracias a su extensa trayectoria teatral, reconoce que la experiencia del cine es distinta. En el escenario, dice, la respuesta llega de forma inmediata; en una sala de cine, el silencio también comunica.

“Los actores también escribíamos, creábamos personajes, trabajábamos aspectos técnicos, el vestuario, la iluminación… Era un trabajo colectivo en el que todos participábamos”. Ese método, añade, convirtió a La Candelaria en un referente para varias generaciones de compañías teatrales colombianas y latinoamericanas.

Dar voz a las Madres de Soacha

Para preparar su personaje en Cinco años, cuatro meses, Martínez escuchó los testimonios de las Madres de Soacha, cuyas historias están vinculadas a los llamados falsos positivos. Reconoce que enfrentarse a esos relatos fue una experiencia profundamente dolorosa. “Escuchar esas historias, afecta. Uno quisiera poder hacer algo. La pérdida de un hijo es un dolor que nunca sana.”

Interpretar ese sufrimiento también exige, explica, un trabajo personal para no quedar atrapada emocionalmente por los personajes. “Cuando termina el rodaje hay que hacer una limpieza espiritual y corporal para poder seguir adelante. Si no, todos esos personajes se van acumulando.”

Entre la docencia y nuevos proyectos

Además de su trabajo como actriz, actualmente combina la interpretación con la docencia en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital, mientras espera nuevos proyectos. Entre los personajes que aún sueña interpretar menciona figuras del teatro clásico y reconoce que le gustaría trabajar algún día con directores españoles y mexicanos.

“Se sigue soñando. No se deja de soñar.”

Un llamamiento en defensa de la cultura

Durante la entrevista también expresó su preocupación por el futuro de la financiación cultural en Colombia. Ante los posibles cambios políticos, defendió la necesidad de mantener el respaldo institucional al sector. “Mi llamado es que no se deje de lado la cultura. La cultura hace parte del ser humano y necesita apoyo para seguir existiendo.”

Pese a esa inquietud, se muestra optimista sobre el momento que atraviesan tanto el cine como el teatro colombiano, impulsados por una nueva generación de creadores que, en su opinión, continúa el camino abierto por compañías históricas como La Candelaria.

FIN