Entrevista a Sorany Marín Trejos (La marcha del hambre)

Superar el olvido

Óscar Iván Montoya

En septiembre de 1966, un grupo de alrededor de ochocientos profesores, hombres y mujeres del Magdalena, emprendieron una marcha a pie desde la Costa Atlántica hasta Bogotá para exigir sus derechos. La causa era la inmoralidad y la corrupción: pasaban hambre física porque no les pagaban. Durante el trayecto cayeron uno por uno: por cansancio, por enfermedades, por el clima, por falta de compromiso con los demás marchantes. Solo 86 lograron llegar. 56 mujeres y 30 hombres. La marcha del hambre (2026) conmemora los sesenta años de esa peripecia sobrehumana. Pero su concepto central no es solo narrar la caminata, es luchar contra el olvido. Como dice la directora, esta historia fue arrancada de los renglones de la historia oficial del país, minimizada, invisibilizada, tapada y borrada. El cine aquí se convierte en una herramienta de esperanza para salvarnos del olvido.

 

Sorany Marín Trejos es directora de cine, profesora de la Universidad del Magdalena, y la nueva generación de esa lucha. Ella proviene de una familia de maestros. Su mamá era maestra, y vivió en carne propia las precariedades de las escuelas y el sacrificio del oficio docente. Conoció la historia de los maestros samarios, no como un dato histórico, sino como un mito vivo. En Santa Marta se hablaba de los marchantes como si fueran superhéroes de ficción, personajes del realismo mágico. Su método fue la inmersión total: asistir sagradamente a sus reuniones cada 21 de octubre, fecha de su arribo a Bogotá, entrar en su máquina del tiempo, contagiarse de su espíritu de lucha, de revuelta y convicción. No quiso hacer una película sobre ellos, sino una película desde ellos, desde el propio movimiento social que la adoptó.

 

El equipo se conformó de igual manera: la productora Gerylee Polanco, con mucha experiencia y sensibilidad, resultó ser también hija de maestro, y ella misma profesora universitaria. Andrés Porras, montajista de la película, también hijo de maestra. El ochenta por ciento de las personas que acompañaron la filmación habían sido tocados por la circunstancia de ser hijos de maestros. La realización de esta película es en sí misma un acto de resistencia y memoria, que revela la trascendencia del magisterio en la vida colombiana. Para lograrlo fue fundamental el apoyo de la Universidad del Magdalena, que apostó por su historia, aunque fuera disruptiva y contradijera las historias oficiales. Todo estaba perdido. El material, los testigos, los colectivos. Fue una labor extenuante de reconstrucción histórica, cinematográfica y territorial, que pese a los escollos que le tocó sortear, llegó a buen puerto como el grupo de caminantes que hace sesenta años atravesó medio país para reclamar por sus reivindicaciones.

 

Por estas fechas que está conmemorando los sesenta años de la peripecia que plasma la película, que es la marcha de los profesores del Magdalena hasta Bogotá, en 1966, reivindicando sus derechos o en proclama de algunos que no tenían. Leí en la nota de intención que la primera motivación que tuviste, aparte pues de conocer la peripecia y quedarte enamorada de este esfuerzo sobrehumano que emprendieron los profesores, es que provienes de una familia de maestros. Tenemos esa coincidencia, Sorany, mi familia también es de maestros, mis hermanos mayores fueron profesores de primaria, de secundaria, ahora están jubilados, pero todavía conservo una hermana mía que es profesora en la Universidad de Antioquia, en la misma facultad donde yo me gradué. Contame de tu familia ¿cómo es el hogar, el entorno de una familia de maestros y, digamos, y cuál fue el plus, el aporte adicional que te dieron, y qué sientes al haber tenido la oportunidad de una crianza en mitad de una familia de educadores?

 

Realmente mi mamá era la maestra, entonces, creo, que conocí en profundidad el oficio y el sacrificio del maestro a través de mi mamá, porque fui testigo de todas esas peripecias que ella asumió por sostener el hogar, pero también las precariedades que había en las escuelas donde ella trabajaba. Siendo muy niña, alrededor de nueve años, me trasladan de la ciudad de Pereira donde nací, hasta la Costa. Siento que ahí se me confronta con otras realidades mucho más duras, esta es una región empobrecida y, pues, desde esa situación tan áspera, a mi mamá le tocó librar como muchas luchas con otros maestros, porque, si bien los maestros caminantes habían librado una gran batalla, siento que la lucha es eterna, y no hay que dejar perder lo que nuestros antecesores, pues, ganaron a pulso, y te cuento que fueron muchas las marchas a las que acompañaba mi propia mamá, yo sé lo que es un gas lacrimógeno en la cara, sé qué es tener que correrle a los policías; las marchas aquí no son fáciles por la temperatura, sí, realmente yo sabía en lo que me metía porque sabía lo que era una marcha de un grupo de profesores, no fue como una simple historia que yo vi muy atractiva, sino que esta historia me atraviesa en dos.

Realmente mi mamá era la maestra, entonces, creo, que conocí en profundidad el oficio y el sacrificio del maestro a través de mi mamá, porque fui testigo de todas esas peripecias que ella asumió por sostener el hogar, pero también las precariedades que había en las escuelas donde ella trabajaba.

 

¿Y cómo conociste la historia de los maestros samarios o del Magdalena que hace sesenta años tomaron la decisión de emprender esa marcha desde la Costa Atlántica hasta la capital del país para exigir sus derechos, para que se creara posteriormente el Estatuto de la educación, creo que como producto de estas marchas? ¿cómo llegó a tus oídos y cómo la fuiste enriqueciendo hasta que decidiste que era un proyecto cinematográfico por el que ibas a pelear, y a poner todos tus talentos, y a buscar todos los apoyos que fueran necesarios?

 

Siento que esta historia me acompaña desde niña, porque siempre escuchaba a mi mamá y a otros maestros hablar de esos héroes como si fueran personajes de ficción, de pronto para sobrellevar el peso de sus realidades, entonces, para mí era como escuchar un niño hablar de sus superhéroes, siempre creí que eran héroes, no podía creer que alguien caminara a pie hasta Bogotá desde Santa Marta, me parecía imposible de creer, pero parecía más un mito, porque acá en Santa Marta sí hablaban de los marchantes, pero parecía más un mito, tú sabes que aquí el tema del realismo mágico está en el aire; entonces para que no creyera que era una simple leyenda, en una marcha me dicen: “mira, allá hay un maestro caminante” y yo pensé: “¿pero ellos están vivos?”, o sea, porque siempre me hacían como remembranza de algo que había pasado hace siglos, entonces yo no dimensionaba esta historia en mi propia realidad, en mi propia historia.

 

Entonces decidí, no sé por qué razón, tomar el mismo camino de mi mamá, y me convertí también en profesora, en parte por los azares de la vida, o por las vocaciones heredadas, quizás, y fue el propio rector de la universidad el que me presentó a estos personajes, y para mí fue como, o sea, en principio no había la intención de hacer una película, realmente lo que buscaba era como estar cerca de ellos, y compartir con ellos, y creo que el hecho de que con los años me adoptaran como una discípula de ellos, como una nieta, algunos como una hija, llevó a que tejiéramos entre todos la idea, acariciáramos el sueño de salvar esta historia del olvido a través del cine, aprovechando que yo era cineasta, que había estudiado en la Universidad del Magdalena, y sí, como que no fue como algo que naciera de mí, sino que fue algo que nació del propio movimiento social que ellos tenían, y del que yo empecé a ser parte, como una nueva generación.

 

¿Entonces fuiste como una especie de instrumento, como para catalizar todo ese montón de voces, toda esta historia que estaba como un poco deshilachada, para darle una unidad?

 

En efecto, sí, porque yo iba a las reuniones que se daban de manera regular, sobre todo, cuando estaban muy cercanas a la conmemoración de ellos, que es sagrada, cada 21 de octubre, cercana a esa fecha, se vive como una gran ansiedad, una gran energía entre ellos, y se reúnen aún con más regularidad, pero las reuniones eran iguales, se contaban las mismas historias, los mismos recortes de periódicos, hojas súper amarillentas, los mismos objetos, de pronto ropa que había estado en esa marcha, de pronto ellos, de alguna manera, yo siento que era la misma escena que se repetía, pero con la misma emoción. Tú sabes que cuando uno de pronto se ve, por ejemplo, una película, eso se va desgastando, ya no la veo con la misma emoción, pero esa película que ellos vivían era diferente, se mantenía esa ilusión por gritar su consigna: “Por Colombia, por la educación, hasta la muerte”, con el mismo empeño, con el mismo tono de voz.

… yo iba a las reuniones que se daban de manera regular, sobre todo, cuando estaban muy cercanas a la conmemoración de ellos, que es sagrada, cada 21 de octubre, cercana a esa fecha, se vive como una gran ansiedad, una gran energía entre ellos …

Entonces yo sentía que entraba en una máquina del tiempo, y sí, claro que me contagiaban de ese espíritu de lucha, de revolución, de convicción, para mí eso fue como una experiencia enriquecedora, y entre todos empezó a emerger algo diferente, y es que empezamos a involucrar, o empiezo a involucrar a mis amigos, otros cineastas, camarógrafo, sonidistas, entonces ya el sueño empieza como a cobrar mayor vigor, porque ellos empiezan a entusiasmarse con que su historia se va a salvar, no solamente que ellos pudieran salvarse de su propio olvido, sino que surge la necesidad de tener que recordar a través de esas reuniones su propia historia, de pronto, el mayor logro de sus vidas, la gloria de sus vidas, sino también que los colombianos pudiéramos recordar o conocer esta historia, poder pensar que esta película, ese sueño cinematográfico, podía salvar también a Colombia de ese olvido, de su historia, porque parece que la marcha del hambre hubiese sido arrancada de los renglones de la historia oficial, consciente o inconscientemente, esta historia ha sido minimizada, ha sido invisibilizada, ha sido tapada, borrada, entonces de ahí que el cine fuera esa herramienta de esperanza para salvarnos del olvido.

 

¿Y en qué momento ingresa Gerylee Polanco a este proyecto? ¿Cómo se enteró ella? ¿Cómo la sedujiste? ¿Ella misma se encantó por el proyecto? ¿Cómo fue esa sinergia de que llegue esta bella y talentosa mujer a tu proyecto?

 

Yo tenía claro que para este proyecto necesitábamos una productora con mucha experiencia, con mucha sapiencia, que pudiera aterrizar el sueño que nosotros teníamos. Ahí aparece Gerylee, porque ella curiosamente era profesora en la Universidad del Magdalena, y fue un estudiante el que me la presenta, y ella lo primero que dice es: “yo también soy hija del maestro”, y entonces ella no lo dudó, o sea, fue increíble porque una persona que siempre está tan ocupada, tiene tantas cosas encima y, de repente, decide apostar por el proyecto, sin pensarlo mucho, abocada por esa experiencia que tuvo con su propia madre y, de alguna manera, se fue conformando un trío de hijos de maestros, Andrés Porras, que es otra persona muy experimentada, un montajista con mucha trayectoria, dijo yo también soy hijo de maestro, y el ochenta por ciento de las personas que acompañaron esta filmación habían sido atravesados por ser hijos de maestros, o porque un maestro de alguna manera había generado cambios trascendentales en sus vidas, en niveles muy positivos.

 

¿Cómo fue el proceso de financiación de la peli? ¿Aplicaron a fondos? ¿Cómo fue esa otra parte que a veces no se habla mucho en el cine, pero que es tan importante para que el talento pueda emerger y se pueda plasmar?

 

Yo creo que ha sido muy importante el apoyo de la Universidad del Magdalena, ha sido trascendental porque la universidad apostó por una historia propia, particular, de pronto disruptiva en el sentido de que, de alguna manera, contradice las historias oficiales, entonces se agradece mucho la apuesta y el apoyo de la universidad del Magdalena, porque estuvo de principio a fin, desde la semilla hasta lo que es hoy la película, y eso nos impulsa también a buscar financiaciones, por ejemplo, ante el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico logramos un estímulo de guion, otro de desarrollo y, posteriormente, el de producción. También tuvimos fondos en la alcaldía de Cali, la alcaldía del Magdalena, también estuvimos en muchos laboratorios enriqueciendo la historia, Proimágenes también fue un gran apoyo, también en cuanto al acervo cinematográfico que utilizamos, siento que también Patrimonio Fílmico puso mucho de su parte porque el material estaba totalmente perdido.

Yo creo que ha sido muy importante el apoyo de la Universidad del Magdalena, ha sido trascendental porque la universidad apostó por una historia propia, particular, de pronto disruptiva en el sentido de que, de alguna manera, contradice las historias oficiales …

Disculpame Sorany, lo que acabas de mencionar es una parte muy importante de tu película, el aspecto de los archivos, la gestión de los archivos, entonces puedes detenerte ahí todo lo que quieras para explicarlo, pues me parece algo muy puntual.

 

Siento que eso fue una de las grandes dificultades del proyecto, y a raíz de estas dificultades se integran investigadores especializados en este aspecto, Margarita Herrera y, de otro lado, en territorio, estaba Laura Cecilia Chávez, hicieron una labor muy importante, porque gran parte del material estaba perdido, el material, los testigos, los colectivos que habían acompañado esa marcha, porque no solamente estaban los marchantes, yo acompañé a los marchantes, y fui testigo de todas esas emociones que estaban involucradas en esa historia, toda esa memoria emocional estaba conmigo, esa era la primera fuente, pero no solamente con eso se iba a contar esa película, había que recuperar ese material, y eso que yo hubiera querido recuperar más, pero ya no estaba disponible, o de pronto perdido.

 

De otro lado, también estaba el tema de los territorios por donde pasó la marcha, quién los había visto, quién los había acompañado, cómo había sido la experiencia de esas personas por donde los marchantes pasaron, entonces sí fue una labor muy muy extenuante, el que se ve la película no se imagina que lo que hay detrás, y el sufrimiento para poder dar alcance a una reconstrucción de una historia invisibilizada.

 

También noté que echaron mano de la creatividad, que los vacíos que no podían llenar, que los testimonios que no pudieron conseguir, que el material de archivo que no pudieron ubicar, no se convirtió en un obstáculo o un callejón sin salida, sino que se decantaron por las animaciones, contame ¿cómo llegaron a las animaciones? y hagámosle también la mención al animador, a José David Molina, un trabajo muy bonito, que se compenetra muy bien con el espíritu del proyecto, que era crear esta polifonía de voces.

 

Antes de que se me vaya de los archivos, quiero hablar de la labor de montaje, que estuvieron muy ligadas. Te cuento que fue muy extenuante, yo prácticamente viví varios meses metida en la sala de montaje, o sea por intervalos larguísimos, de pronto descansábamos, y luego volvíamos a reunirnos otros meses con Andrés Porras, y fue una labor bastante sufrida, porque es una historia que no era fácil en su armado global, ahora de pronto ya ustedes la entienden, no pierden el hilo de la narrativa, pero armar todas esas partecitas fue todo un reto. Mi método de trabajo también es hacer muchos test con público objetivo, realmente yo quería que la película fuera vivida y, de alguna manera, querida por el nicho, el nicho para mí siempre ha sido claro, los maestros, yo no soñaba con una película contemplativa de esas que podemos ver, no sé, en los festivales europeos, pero sí una película chibchombiana, hecha por chibchombianos de a pie, que la gente pudiera vivir, y decir es que este es mi país, que pudiera reconocerse en las imágenes, en los sonidos, todo estuvo muy pensado.

… yo quería que la película fuera vivida y, de alguna manera, querida por el nicho, el nicho para mí siempre ha sido claro, los maestros, yo no soñaba con una película contemplativa de esas que podemos ver, no sé, en los festivales europeos …

En los primeros cortes yo sentía que, por las dificultades de la edad de los marchantes, había varios personajes que poco se podían mover y, evidentemente, para mí, el hecho real era que le llegara al nicho, me preocupaba mucho el tema, entonces empezamos a hacer esos test a público objetivo, además editamos en Pereira, y llamamos a profesores de Pereira, y empezamos a hacer como pequeños focus group, empezamos a pensar recursos que nos ayudaran a enriquecer el relato, y sabíamos que la memoria oral podía cobrar mayor vigor, podía cuajar en imágenes, sí, de alguna manera ser más vívido, y por eso entra nuestro José David Molina, un talentoso animador caleño, quien le apuesta desde la animación, y creo que fue algo muy logrado, pues sí, siento que estuvo muy a la altura de lo que nosotros buscábamos.

 

Entonces me detengo ahí y retomo a una persona que has mencionado desde el principio, que es Andrés Porras, un reconocido montajista y ahora productor. ¿Cómo fue el trabajo de montaje con él? ¿qué se aprende de un man con tanta experiencia, que fue el editor de algunas películas de Carlos Moreno, que ha estado en los últimos quince años en proyectos muy importantes del cine colombiano? Entiendo que es un trabajo de mucho encierro, de mucha concentración, muy mancomunado, pero me imagino también de mucho aprendizaje para ti.

 

Pues yo siento que hubo mucho feeling, es decir, él supo de alguna manera escucharme, y yo escucharlo a él, evidentemente, pero sí, esto pudo haber tomado muchos rumbos, y siento que si bien el reto estuvo muy fuerte, pues siento que la camaradería, la humildad, todos estos valores que tiene Porras, hicieron el trabajo muy enriquecedor para mí, a mí también me gustó el montaje, no lo he vivido de la misma manera que él, pero aprendí demasiado, o sea, realmente yo siento que en todo ese tiempo yo, más que directora, yo era como una persona que estaba aprendiendo, un aprendiz de Porras, entonces para mí fue mágica la experiencia, una de las más duras, pero muy mágica realmente, porque pues sí, el ver que la historia estaba cobrando vida a través del montaje, sí, eso no hay cómo describirlo.

 

Una de las cosas que cuentan durante la película es que algunos de los caminantes fallecen durante el proceso del rodaje y del armado de la película, pero afortunadamente también quedaron algunos que pudieron ver la película, y que se cumplió a carta cabal lo que dijiste al principio, que su historia no se iba a olvidar, sino que iba a quedar ahí embotellada en el tiempo ¿cuál fue la reacción de ellos al ver la película en pantalla, y también la tuya de ver tantos años de sufrimientos, también de alegría, por supuesto, de mucho aprendizaje, y de tenerla, por fin, por lo menos en festivales que es donde se ha visto antes del estreno?

 

No hay manera cómo describir el proceso en cuanto a la pérdida de algunos de ellos, creo que si tú me preguntas qué fue lo más duro, pues fue la pérdida, porque tuvimos que ver partir varios caminantes, especialmente durante la pandemia, y luego nuestros más cercanos aliados dentro de los caminantes, entre ellos la líder, la persona que más me ayudó, que más conectó conmigo, yo era como una hija para ella, y ella era una persona que todavía sigo extrañando bastante, Isbelia Quinto de Fernández, que es la persona, la señora que más se ve como una feminista, un feminismo extraño, porque ella no sabía nada de feministas, pero no conozco persona más feminista que ella en la vida, una feminista auténtica, entonces claro, yo tenía la presión de ellos porque querían ver su película, y podían no llegar a verla, entonces se nos ocurrió hacer la cuarta pared, ellos querían verla, entonces hablamos con el equipo y llegamos a la decisión de reunirnos, y no es que ellos estuvieran en el mismo lugar que nosotros.

 

Te cuento que en la sala de montaje hicimos una especie de truco, de sortilegio, de truculencia, en donde cada uno de los caminantes entraba a un lugar, se sentaba a ver la película, y nosotros los filmábamos, y eso entraba a formar parte de la película, o sea, porque la película tuvo varias versiones, y cuando ya sentíamos que una versión estaba sólida, emocional, fuerte, que realmente podía estar cerca de lo que ellos se imaginaban, y por lo que habían soñado, pues empezamos a mostrarles esos cortes y ustedes ven, las personas que han visto la película pueden dar fe de que las emociones son auténticas, que no había palabras para describir eso, que realmente ellos sintieron esas imágenes hasta el fondo, que los conmovió profundamente: saber que su historia estaba allí en esa pantalla, y que ellos estaban allí, porque siempre la obsesión de ellos era superar el olvido, y que los demás conocieran esta historia, para que no cayera nuevamente en el olvido.

Te cuento que en la sala de montaje hicimos una especie de truco, de sortilegio, de truculencia, en donde cada uno de los caminantes entraba a un lugar, se sentaba a ver la película, y nosotros los filmábamos, y eso entraba a formar parte de la película …

El tema de la pérdida nos presionó demasiado, siempre estábamos corriendo porque sabíamos que en cualquier momento algo podía pasar y, de hecho, cuando estrenamos la película, nosotros decidimos estrenar esa película por la urgencia, y con la líder llegué a ir a Bogotá en el marco del Festival de Derechos Humanos, y luego llegamos, primero a Pereira, y luego a Bogotá, y luego se nos muere, o sea, fue una película muy dura de asumir desde la pérdida.

 

Y ahora la alegría de estar en salas de cine, ¿qué significado tiene llegar a salas de cine? Para muchas personas que no saben, hace veinte años llegar con un documental a salas de cine era una cosa súper extraña, a no ser que te llamaras Luis Ospina, ahora un poco han cambiado las condiciones, sigue siendo muy difícil, pero por lo menos ya tienes un estreno digno en una sala de cine en donde poder disfrutar del diseño sonoro, de la colorización, de la música, de todos los elementos que están ahí, y que se conjuntan para que uno salga con esa buena sensación. ¿Cuáles son tus expectativas con La marcha del hambre en cuanto a la recepción del público, la querrán ver a pesar de que es una película dura, que pone de manifiesto la indolencia del Estado con algo tan importante como es la educación?

 

Bueno, yo primero siento que cumplimos el sueño, sí, el que alimentamos con los maestros caminantes de hacer esta película, de hacer esta película para que se salvara esta historia, esta legendaria historia del olvido, para que nunca más pudiera ser borrada, entonces, de alguna manera, el hecho de que llegue a las salas de cine es una reafirmación de que esa utopía cinematográfica se cumplió, de que los caminantes pueden vivir la superación de ese olvido, y el hecho de que los colombianos que lleguen a verla es supremamente valioso, porque ellos van a vivir esa travesía, van a hacer un viaje en el tiempo, un tiempo que no se queda en el pasado, sino que ese pasado va a permitir confrontar las realidades del presente, no es una película que se queda instaurada en el pasado, todo el tiempo estamos  insinuando que esa gesta que ocurrió hace sesenta años sigue haciendo eco en las generaciones del presente, entonces claro, es muy valioso para nosotros el hecho de que la película llegue a cada uno de los colombianos, y los que la han podido ver en festivales, y han podido vivirla desde los colectivos magisteriales donde hemos podido llegar, por ejemplo Ipiales, Pereira, con varios colectivos magisteriales hemos hecho presencia en poblaciones a las que, evidentemente, no llega al cine a salas comerciales, pues ellos mismos están corroborando que la película merece extenderse a nivel nacional y qué, bueno, que contemos con ese respaldo, con ese cariño, ese amor por parte del público, que haya tantas emociones por parte de la gente, que la gente mientras ve la película se ríe, llora, sale emocionada, eso para nosotros no tiene nombre.