Nowhere, de David Salazar y Francisco Salazar

Aceptarse y amar

Andrés M. Murillo
@andresmurilloc2

En las últimas décadas la temática LGBT ha ganado presencia en la gran pantalla. Aunque la batalla por superar barreras ideológicas persiste, hoy podemos hablar de una categoría como cine cuir (queer), festivales especializados y constantes testimonios artísticos para fundamentar y declarar posiciones de vida de todo tipo. Uno de los estrenos colombianos de este extraño 2020 es Nowhere, hablando de contrastes y realidades opuestas en las que aún declarar abiertamente una posición sexual es tabú.

La película, dirigida por los hermanos Salazar, David y Francisco, cuenta la historia de una pareja homosexual en Estados Unidos. Adrián y Sebastián son colombianos que comparten su libertad para expresar su amor y la honestidad sobres sí mismos, en tierras lejanas que parecieran más abiertas a la libertad de orientación sexual. Pero todo se pone en riesgo cuando a Sebastián se le cumple su visado de estudiante y ahora deben tomar decisiones de cómo continuar. El escenario más desolador para la pareja es regresar a Colombia, donde el miedo al rechazo de la familia y la imposibilidad de estar juntos por el prejuicio social, terminan abriendo una brecha entre ellos.

Una historia sencilla, quizás ya trabajada, pero desde la óptica de los directores, aún vigente y controversial para el momento actual. Una dualidad entre culturas, donde plantea que la estadounidense es más abierta y acepta cualquier orientación sexual, mientras que la criolla mantiene los prejuicios y condenas sociales. Pero más allá de este componente, es una historia de amor básica, con los tintes de Romeo y Julieta de las barreras económicas y familiares. Desde ahí es una historia ya vista y pocos condimentos hacia lo novedoso.

Una historia sencilla, quizás ya trabajada, pero desde la óptica de los directores, aún vigente y controversial para el momento actual.

Ente lo íntimo de la historia y el cuidado de la imagen, Nowhere involucra la ternura y sensibilidad del amor, lo entusiasta, lo romántico y lo inocente de un conflicto. Sin llegar a una sexualidad explícita, construye una puesta en escena cálida y tranquila, incluso en los momentos más dramáticos, conserva una mirada neutra, haciendo que cada espectador con su nivel de identificación, le ponga la cuota de sentimiento.

Dos actores jóvenes encarnan esta pareja, que con entrega logran dar esa puntada de credibilidad en el romance, pero se quedan cortos en el drama. Un constante seguimiento a las decisiones de ambos, a los momentos que los comienzan a distanciar y evidencian los miedos. El punto más fuerte del filme es precisamente poner en confrontación el amor idealizado con los miedos básicos de enfrentar el entorno, poner sobre la mesa esas ideas supuestamente superadas sobre la homosexualidad, y ver cómo exponerse sigue generando juicios, distanciamientos y dolores.

Porque esta confrontación conlleva la aceptación individual, enfrentar un contexto que señala fácilmente y tener el carácter para defender lo que eres. Porque el refugio de la familia puede convertirse en el paredón de ejecución, y ahí es donde vemos al personaje principal esquivando y evitando lo que es inevitable.

…poner sobre la mesa esas ideas supuestamente superadas sobre la homosexualidad, y ver cómo exponerse sigue generando juicios, distanciamientos y dolores.

Una película que entra en el movimiento del panorama nacional alrededor de la temática, con un mensaje claro y una narrativa sencilla que posiblemente ilustre y ayude en la reflexión. Un tema que continúa siendo álgido y del que es necesario escuchar diversas voces, que en el caso de Nowhere logra equilibrar una estética y un discurso. Un título que llega en un momento complejo para la exhibición y poder llegar a más públicos, pero que queda como manifiesto y puntos a considerar al interior de la familia, en círculos privados donde aún una postura sexual fuera de lo tradicional genera desazón. Una opera prima que deja el buen sabor y curiosidad por conocer más de estos jóvenes directores.

Previo

Sumercé, de Victoria Solano

Siguiente

Adiós al amigo, de Iván D. Gaona