FICCALI 2021:

Una apuesta por la diversidad y el acceso equitativo a las producciones artísticas

Daniel Zapata Villa

Durante la tercera semana del mes de noviembre se llevó a cabo la décimo tercera versión del Festival Internacional de cine de Cali FICCALI. Un evento significativo para la población y los productores audiovisuales de la región, ya que, en medio de la emergencia sanitaria decretada a causa del Covid-19, la industria cinematográfica ha sido una de la más afectadas. Por ende, tanto los productores como los consumidores se han regocijado ante la posibilidad de volver a participar y asistir a un festival de tal prestigio. Y no es para menos, ya que en múltiples centros comerciales, bibliotecas, teatros, barrios y colegios fueron exhibidos los diferentes cortometrajes y largometrajes que competían en las respectivas categorías.

En primera instancia, cabe resaltar la labor de compromiso social que encontramos en este festival, un ideario que ha sido trabajado desde ediciones anteriores. Sin embargo, cada vez se consolida más una apuesta en la que la divulgación de obras de calidad estética es tan importante como el acceso de las comunidades más vulnerables a estas mismas. Es así como el festival proyectó los filmes participantes en zonas de ladera con población en condición de exclusión y en colegios alrededor del Distrito.

Al pensar la realidad de la producción y distribución del cine en la actualidad, es de resaltar esta última labor, ya que es un área en la que se plantea el acceso equitativo hacia los filmes. He podido concebir esta idea tras entrevistar a Juan David, un niño de catorce años que reside en una localidad vulnerable de la ciudad, quien expresó: “Yo había visto eso en televisión, pero es la primera vez que lo veo de frente, nunca lo había visto así (…) me gustó mucho porque es más grande de lo que uno se imagina”. Juan David nunca olvidará la treceava versión del FICCALI, ya que fue la primera vez en su vida que tuvo contacto con la “pantalla gigante”. Por ende, espera con ansias el festival del próximo año.

Juan David también se interesó por la participación de personas afrodescendientes como él dentro de los cortometrajes que observó, ya que sus elencos estaban constituidos por actores con los cuales se identifica étnicamente, algo que no suele observar dentro de las producciones colombianas o hollywdenses que habitualmente observa en la televisión de su casa.

De igual forma, es de resaltar el homenaje realizado al director Jairo Pinilla Téllez, quien es considerado por la crítica como uno de los padres fundadores del cine de terror en nuestro país, el director se mostró agradecido con el homenaje y el diálogo que sostuvo con el público. Al referirse al evento, no pudo contener la emoción al comentar lo siguiente: “Me voy a ir con el corazón en la mano”.

Cabe destacar las diferentes mesas de discusión académica, estética y de crítica cinematográfica que fueron instauradas durante la vigencia del festival, ya que estas propiciaron un espacio de discusión en el cual académicos, productores y curiosos discutieron respecto a las vicisitudes que enfrenta la industria del cine (nacional e internacional) en la actualidad. Además de abordar tópicos técnicos que van desde la producción y circulación de los filmes hasta discusiones morales de base sobre la participación de los afros, indígenas y demás comunidades étnicas dentro de la industria. Para Clara González, Coordinadora del Departamento de invitados del FICCALI, el festival genera un acercamiento «con las personas que hacen parte del festival porque finalmente son sus películas, son sus creaciones las que estamos visualizando, proyectando, entonces es muy interesante para nosotros poder contar con estas personas, que puedan acompañarnos en este proceso y hacer de Cali una ciudad abierta para el cine a nivel local, nacional e internacional”.

Además de abordar tópicos técnicos que van desde la producción y circulación de los filmes hasta discusiones morales de base sobre la participación de los afros, indígenas y demás comunidades étnicas dentro de la industria.

En conclusión, este fue un festival reconfortante, una idea que ha madurado a través de las últimas ediciones y que hoy se presenta como un festival cultural con impacto social, el cual, además de promocionar y galardonar las producciones cinematográficas, también permite que las poblaciones menos favorecidas puedan acceder a ellas y observar unos ideales y referentes distintos a los que se presentan en sus comunidades, dándoles la oportunidad de soñar y plantearse un contexto diferente.

Para este artículo, hemos preferido destacar la labor de impacto social que ha tenido el festival durante su edición, ya que ha optado por una orientación de inclusión que logró conectar con la población caleña en general. A nivel estético, las producciones fueron de gran calidad y variedad en cuanto a narrativas. Para un mayor acercamiento a esta esfera del evento, nos permitimos mencionar los acreedores de menciones honorificas y ganadores de las distintas categorías “Luis Ospina” y “María” que fueron concedidas durante el certamen de clausura del Festival.

Ganadores del Festival

Mejor Largometraje Internacional: Los Diarios de Tsugua – Miguel Gomes y Maureen Fazendeiro

Mejor largometraje nacional: Entre fuego y agua – Viviana Gómez E. y Anton Wenzel

Mejor cortometraje nacional: Las Fauces – Mauricio Maldonado

Mejor director largometraje nacional: José Alejandro González – Director de Álvaro

Mejor director cortometraje nacional: Pablo Álvarez – Director de Bicentenario

Menciones especiales del Festival

Largometraje internacional: El cielo está rojo -Francina Carbonell

Largometraje nacional: El film justifica los medios – Juan Jacobo del Castillo

Cortometraje nacional: Intronauta – José Arboleda

Premio del público

4 amigos – Manuel Zuluaga