Verónica Salazar
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Como no sé si volveré,
Como no sé lo que será,
Yo trazaré un mapa
Para recordar los pasos
Y en medio del recuerdo
]Poderte mirar despacio
–Cartografía, Ana María Vahos–
Recorrer la ciudad en bicicleta es un ejercicio de autoconocimiento. Afuera, se descubren nuevos caminos, nuevas formas de llegar al mismo sitio, se reconocen patrones y se identifican detalles que de otra forma podrían pasar desapercibidos. Por dentro, hay un ejercicio de reflexión, a veces involuntario. El movimiento ayuda a impulsar esa búsqueda de identidad que nace de cuestionarse, perderse y romperse. Montar en bici obliga a concentrarse en el momento presente y prestar atención; a encontrarse con los pensamientos propios y sintonizarse con el entorno y los demás.
En Refracción (2025) Eloísa monta en bicicleta por Medellín. Tiene veinte años; se la pasa con sus amigos y con las chicas con las que sale. Le cuesta tomar decisiones y traer claridad a sus relaciones, pero mientras recorre la ciudad se va enfrentando con la necesidad de resolver esos pendientes y reconciliar sus sentimientos. Sin quererlo empieza a buscar claridad.
Este es el segundo cortometraje de Isabella Palacio Mesa, quien escribe y dirige. Su trabajo previo como productora, directora, editora y asistente de dirección ha sido seleccionado para festivales como la Berlinale, el Festival de Cine de Jardín, Bogoshorts, el Festival Internacional de Derechos Humanos en Colombia y el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy. Refracción forma parte de Shorts México, Rio LGBTQIA+, Queer Shorts Vienna, el Festival Internacional de Cine de Celaya, el Festival de Cine y Nuevos Medios, el Festival Internacional Cine en las Montañas, el Ciclo Rosa de la Cinemateca de Bogotá, el Festival Internacional de Cine Independiente de Santander y el Festival de Cine y Audiovisuales LEVIZA.
En plena era digital, Isabella toma la arriesgada decisión de hacer una pieza en blanco y negro. Esta va acompañada de un juego intencional con la luz y las locaciones, lo que ayuda al espectador no solo a encontrarse en la historia, sino también a enfocarse en esas características de los personajes. Eloísa tiene dificultades para manejar sus relaciones, y cada una de las que se presentan exige algo distinto de ella. Tiempo, atención, títulos, espacio. En ocasiones, elementos que la joven no parece estar lista para entregar. Este tratamiento convierte a Medellín en una ciudad que bien podría ser cualquiera; no se identifica ningún emblema, pero sí se encuentra la esencia en cámara, por lo que el corto se siente como una oda silenciosa.
Este claroscuro que se logra con una iluminación tan dramática, en medio de las texturas de una ciudad donde hace calor en medio de los árboles, dirige la atención a lo no dicho y a lo que no aparece en cámara. Hay ambigüedades en la historia, no hay certezas con respecto a lo que viven las tres protagonistas, ni a lo que piensan, en especial Eloísa. Todo esto es intencional y se refuerza con un diseño sonoro que resalta ese vacío. En el fondo, discreto, la voz de la artista Ana María Vahos da pistas de qué piensa y qué quiere Eloísa. Otro indicio que esboza a Medellín, por la presencia de la cantante en proyectos de ciudad.
Refracción no se preocupa por definir si Eloísa se equivoca o no. Tampoco le interesa encontrar esas definiciones, esa toma de decisiones que ella no se siente capaz de tomar. La finalidad de este relato es más explorar las relaciones humanas desde una perspectiva que no es nueva pero que poco se ha recorrido lo suficiente en el cine tradicional. Trata de hacer una construcción de los amores que podrían ser, de traer a la realidad un sentir que no es atravesado aún por el lenguaje. Que probablemente solo entiende quien pasa mucho tiempo en silencio y en movimiento.
