El bolero de Rubén, de Juan Carlos Mazo

Hacia un cine musical colombiano

Jerónimo Rivera-Betancur

Cuando pensamos en musicales, generalmente vienen a nuestra mente diálogos cantados, elaboradas coreografías y un gran despliegue de vestuario y escenografía. Los musicales suelen integrar la música a la narrativa, convirtiendo algunos diálogos en partes cantadas que completan la trama y alternando entre la dramatización, el baile y el canto en escenarios que pueden ubicarse justo al límite entre el realismo y la teatralidad. Por otra parte, cuando pensamos en cine colombiano suelen venir a nuestra mente temáticas urbanas cargadas de violencia y conflicto en donde la resiliencia suele ser la nota más importante para personajes que sufren las terribles consecuencias de una sociedad en crisis permanente.  ¿Es posible armonizar ambos mundos para generar un musical genuinamente colombiano?

 

Esta es la apuesta principal de El bolero de Rubén, película de Juan Carlos Mazo, un joven realizador antioqueño que ya ha explorado la sinergia entre la puesta en escena y la música en varios productos teatrales, televisivos y cinematográficos como el show Planchando el despecho, el cortometraje Sangre y levadura, las series Leandro Díaz y Rigo, la película Al son que me toquen bailo y la versión teatral de El bolero de Rubén. En estas obras, Mazo logra conectar la estructura dramática del medio con la realidad social del país para generar desde productos cómicos con momentos muy dramáticos (Rigo) hasta producciones con gran violencia teatralizada (Sangre y levadura).

 

Aunque no es el género más común, Colombia sí ha desarrollado algunas películas con inspiración o apoyo fuerte en el musical.  En un capítulo de libro que publicamos en Brasil y en el que analizamos cuatro películas “musicales” colombianas[1], se concluye que la presencia del cine musical en el cine colombiano es realmente escasa, pero ha ido creciendo en las últimas décadas. En las películas analizadas no se encontraron muchos patrones en común, pero sí llama la atención la caracterización del protagonista como un personaje casi místico y el rol de la música en la narrativa, desbordando y trastocando la trama al cambiar la velocidad y dirección de la historia (Rivera-Betancur et al, 2018).

 

En un cine que, como el colombiano, no tiene una larga tradición de exploración por géneros, no sorprende que el musical tenga pocos referentes. Sin embargo, sí es cierto que hace solo algunos años la televisión se inundó de biopics sobre intérpretes reconocidos de la música popular como Diomedes Díaz, Leandro Díaz, Las hermanitas Calle, Marbelle, Galy Galiano y Helenita Vargas, entre otros. En este caso concreto, el drama aparece como género dominante y la música es uno más de los elementos de la narrativa, pero generalmente no hace aportes significativos al desarrollo de la historia.

 

El bolero de Rubén es una película adaptada del musical teatral del mismo nombre y cuenta la historia de Marta, una joven habitante de un barrio popular en Medellín que sueña con ser una reconocida cantante, pero cuya realidad le impide soñar con algo distinto a sobrevivir.  Durante muchos años espera el regreso de su esposo, que paga una larga condena en prisión y, cuando éste retorna, debe reacomodar su vida para compartirla con la nueva versión de un esposo amargado y frustrado, una amiga incondicional y un posible nuevo amor.

 

Aunque, como he mencionado, ya hay tradición de musicales colombianos en el cine y la televisión, sí es cierto que esta versión tipo Broadway no es común y esto puede generar reservas al espectador que se enfrenta a un formato novedoso, disruptivo y no siempre afortunado.  La película configura un universo dramático a medio camino entre el teatro y la realidad, que transita entre escenarios realistas (la calle) y otros más teatralizados (la casa de Marta) y que fluctúa entre la ilusión mágica de las protagonistas (Marta y Patricia) y la realidad más violenta y descarnada de nuestro país.

… esta versión tipo Broadway no es común y esto puede generar reservas al espectador que se enfrenta a un formato novedoso, disruptivo y no siempre afortunado.

El título de la película hace referencia al famoso Bolero de Maurice Ravel, una de las obras más conocidas de la música y que ha servido de inspiración a películas y obras de teatro por décadas. Sin embargo, aunque su nombre tiene recordación en un amplio sector de la audiencia, es bastante posible que para muchos no diga nada y se sienta forzado en el título de una película en donde el personaje en mención (Rubén) es secundario.

 

El elenco de la película está compuesto por grandes nombres del cine colombiano que, en términos generales, contribuyen a dar peso dramático a la historia y sorprenden con su talento musical y actoral. Se destacan, muy especialmente, la gran interpretación de su protagonista, Majida Issa, y de Juliana Velásquez, que aporta una dosis importante de humor y ternura. El diseño de producción logra una fiel representación de los barrios populares de Medellín y acierta en la caracterización del espacio en varias épocas y la dirección de fotografía añade una atmósfera potente y estilizada.

 

En esa alternancia entre realidad descarnada y mágica teatralidad se ubican las mayores virtudes y, al mismo tiempo, los problemas de la película. El tono de las interpretaciones se estandariza en la teatralidad, sin que moleste durante buena parte de la trama, estableciendo un pacto ficcional con el espectador que solo se rompe con actuaciones de un estilo más naturalista, cinematográfico y minimalista. Del mismo modo, el diseño de producción que juega, como convención teatral, con escenarios móviles y claramente artificiales choca con escenas de exteriores que representan la vida cotidiana de los personajes. Esas mismas calles son teatralizadas también en secuencias como las finales en las que aparecen como una gran escenografía al aire libre y en código teatral.

 

Esta irregularidad en el tono cinematográfico podría ser la principal debilidad de la película que, no obstante, se mantiene por la buena calidad de la puesta en escena. Sin embargo, no creo que se trate de un error sino de una apuesta válida que apunta a conectar el universo del musical de Broadway con el de la violencia en el cine colombiano. Aunque la propuesta no siempre funciona (especialmente en su violento final con notas gore), se aplaude por su osadía e innovación.

 

El bolero de Rubén es una apuesta valiente y honesta, con una gran inversión en recursos técnicos y artísticos. Esta película abre una veta importante para un cine que, como el colombiano, sigue luchando por ocupar una posición más protagónica en el ámbito internacional y que podrá lograrlo si sigue pensando en grande y saliendo de su zona de confort para explorar nuevos caminos, tonos y narrativas.

 

 

[1] Rivera-Betancur, J; Olaya-Maldonado, O y Uribe-Jongbloed, E (2018). Cine colombiano: notas sueltas sobre un cine sin tradición musical en Cinema musical na America Latina. Salvador: Edufba.